Autor: Javier Alonso Arbulú Vasquez

Hay cosas que no cambian solas, otras son cambiadas, pero solo unas cuantas no deben cambiar jamás.
La paz de algunos es la guerra de otros, incluso antes y después de que cada una sea la que es.
Es el año 1965 y hay hombres detrás del futuro y tensión en cada rincón del mundo al igual que miedo e incertidumbre. En Perú la situación no se ve mal, pero eso no significa que no lo esté.
En Lima, un grupo de altos generales del ejército encabezados por el general Juan Velasco Alvarado planeaban darle otro camino a un país que, a su juicio, estaba destruyéndose a sí mismo. Este alto mando clandestino veía y pensaba que el país se desangraba en secreto, pero ante la mirada embriagada de cada ciudadano. Planeaban sabotear el orden establecido y cambiar la historia a su visión del mundo, a su conveniencia.
Por aquel entonces, el país estaba presidido por un hombre noble, demasiado. Belaunde Terry era astuto e inteligente, pero no lo suficiente como para gobernar este país. Su gobierno era incierto, una tensión disfrazada de paz y contento asfixiaban a un estado que poco a poco y a duras penas salía adelante. Sin embargo, la situación era perfectamente viable y sostenible, a diferencia de la retorcida mirada del alto mando clandestino quienes consideraban al Perú como una hipócrita bomba de tiempo.
En otro lado de la ciudad había un hombre con pinta de líder, llevaba una insignia de plata en la solapa del abrigo. Se rascaba la cabeza mientras leía las cartas de sus informantes en las que hacían de su conocimiento los planes de Velasco y su gente. Mientras más leía, más gotas de sudor resbalaban por su frente.
El hombre, el líder, era alguien serio e inteligente. Lideraba una organización secreta de la que no se sabe el nombre y que estaba en cada rincón del Perú y probablemente también fuera de éste. Respetuoso de las libertades y derechos democráticos, fungía como una suerte de protector de aquellos derechos y libertades, razón por la cual temía por el futuro ante los siniestros planes de hombres fanáticos.
El líder sabía que si Velasco llevaba a cabo sus planes revolucionarios, el país impresionaría social y económicamente. Ante el inminente avance de los planes del alto mando, el líder decidió reunir a un grupo de personas excepcionales que pudieran sabotear, frustrar y frenar las intenciones de Velasco y su gente.
El protocolo de contención «Cruz Negra» contenía una lista de nombres de posibles candidatos para el equipo que el líder pensaba reunir, existían muchos y todos podían desempeñar funciones específicas dependiendo del propósito que se les asigne, el único problema con este protocolo era que los nombres en la lista no estaban ni avisados ni notificados de que eran posibles candidatos y por lo tanto se corría el riesgo de que no aceptaran ser parte del equipo.
Sin embargo, el líder decidió llamar a unos cuantos de esa lista confiando en que aceptarían dadas las circunstancias. El primero en ser buscado fue un viejo político, que acudió al llamado estando de acuerdo con la postura del líder frente a las pretensiones de Velasco. Al irrumpir en el salón del líder, fue un hombre alto algo entrado en años, era llamado a secas Haya de la Torre y supo describirle al líder con detalle y más a fondo los planes de Velasco y sus consecuencias para un país como el Perú.
Junto a Haya de la Torre, el líder llamó a más posibles miembros para reunir al equipo cuanto antes. Los siguientes en su lista fueron dos hermanos que no quisieron revelar sus nombres, sin mencionar razones para ello, solo insistieron en ser llamados los gallinazos.
Estos dos hermanos tenían un aspecto muy extraño, la gente a menudo los veía como vagabundos o recicladores. Uno era alto y muy delgado y el otro apenas un poco más bajo que el primero y de contextura gruesa. Tenían el cabello largo, lentes redondos como de soldador y unas extrañas máscaras de gas con forma de pico, como si fueran doctores de la peste. Bajo sus largas gabardinas de cuero desgastado guardaban muchas chucherías que coleccionaban y, además, cargaban con grandes mochilas que parecían estar repletas de cosas, finalmente, un detalle perturbador era que el más gordo llevaba un cráneo encogido colgando de su mochila.
Nacidos en los desperdicios y obligados a sobrevivir entre ellos, los gallinazos conocieron lo crudo del mundo desde niños, la dureza de la realidad y lo poco que importan ciertas vidas. Crecieron con la firme intención de cambiar esto, pero no para el mundo, sino para ellos. Se convirtieron en saqueadores, ladrones, traficantes y recicladores, solo ellos sabían el valor que tenía cada artículo que recuperaban y conservaban y el fin que le darían.
El líder junto a Haya de la Torre fueron a buscarlos hasta un barrio de mala pinta, estando ahí les dijeron que no dirían sus nombres y que apoyarían la causa solo por un pago, pues decían que la posible crisis que generaría el golpe de Velasco no les afectaría ya que todos los regímenes dejan atrás basura que se puede revivir. El pago no era algo que le importe al líder por lo cual les ofreció una irrechazable recompensa que precisamente, no fue rechazada.
Se les dijo a los gallinazos que ambos hombres se comunicarían con ellos cuando el momento de reunirse llegue, hasta entonces, debían prepararse para lo que sea, incluso una guerra, incluso para morir.
El siguiente en la lista era un hombre que vivía en un taller de artes plásticas, Haya y el líder fueron a buscarlo y encontraron a un hombre alto y de expresión extraña, tenía un traje elegante y un paraguas en la mano derecha, al entrar al taller todo el ambiente estaba oscuro, pero podía distinguirse que al fondo del lugar estaba un hombre sentado en un sillón. Aquel hombre preguntó a los dos que era lo que querían y al recibir la respuesta se puso de pie y se les acercó. Ambos quedaron atónitos cuando vieron que el hombre del sillón era exactamente idéntico al que los recibió y más por el hecho de que aquel se quedó en la puerta luego de hacerlos pasar.
Este hombre era una especie de artista plástico muy versado en la magia y las artes oscuras. Como hechicero, era capaz de darle vida a esculturas de sí mismo, creando dobles que hicieran cosas por él. Además, podía manipular la percepción de los demás para que pareciera que lo veían en un lugar cuando en realidad no estaba ahí.
De joven, había desarrollado una obsesión con encontrar a otra persona que fuera físicamente idéntica a él y una experiencia que consideró “paranormal” lo llevó a estudiar y conocer artes místicas que le hicieran más fácil esa búsqueda. Eventualmente se resignaría a no encontrar nunca a su doble, pero gracias a sus conocimientos, logró desenvolver sus ya mencionadas habilidades.
El hombre doble, por llamarlo así, pasó horas conversando con Haya y el líder; discutiendo intereses, términos, condiciones, riesgos y formas de retribución. Hacia el final de su conversación, el hombre doble aceptó ayudarlos uniéndose al equipo.
Finalmente, el último miembro del equipo en ser buscado fue un joven millonario, vivía solo en una mansión enorme en una calle antigua. Incluso para el líder y para Haya fue difícil conseguir audiencia con el joven magnate ya que era un ermitaño muy solitario y sus empleados apenas y lo veían si tenían suerte.
Su familia no vivía con él, apenas se sabía de algunos que vivían fuera del país, pero nunca lo veían y hacía su edad actual, se fue quedando solo y decidió vivir así. Vivir con fantasmas.
Cuando por fin consiguieron reunirse con el magnate, ambos hombres fueron recibidos en una amplia biblioteca y aquel joven les hablaba más no estaba allí. Solo su voz se oía en la profundidad de la habitación y consternados, el líder y Haya respondían los cuestionamientos, sin embargo, luego de explicar toda la situación, el joven ermitaño se negó a participar.
Un hombre, de tan poca edad y sin nada que perder no tenía por qué evitar la caída de un mundo que lo había dejado sin nada más que una inmensa fortuna. Una persona vacía no tendría mayores motivaciones para dar algo por alguien más que el simple hecho de tener un pasatiempo. Aquel joven no tenía nada que perder, pero tampoco, nada que ganar. Dijo que no.
Haya de la Torre y el líder se marcharon decepcionados de la mansión, pero sintiendo que aún con la ausencia de aquel joven, el equipo era sólido y la misión podía resultar. Fueron directamente al palacio de la organización del líder para reunirse con los miembros del equipo, ahí esperaban los gallinazos junto al doble.
Ya con casi todos los miembros reunidos, el líder les reveló a los demás que aún faltaba una integrante, venía de Argentina y su nombre era Vilma, pero la llamaban «La maga». Cuando el líder se comunicó con la maga, le encomendó una misión antes de llegar al palacio de la organización, por lo cual, aún no estaba reunida con los demás miembros. Había que esperar.
Vilma, la decían la maga por su habilidad para escapar y salir con vida de situaciones muy complicadas, en resumen, «desaparecer». Era una agente de la división de fuerzas especiales altamente entrenada en muchas disciplinas castrenses. Sin embargo, su mayor talento era el espionaje; fingir, mimetizarse, escabullirse, ser invisible, por eso era la maga.
Ella tenía la misión de persuadir a un hombre de unirse a la causa del líder. Tenía un papel con una dirección, al seguirla llegó por una calle antigua hasta una mansión muy grande. Sintió un vacío en el estómago y la penetrante sensación de que ya había estado allí se apoderó de su cuerpo.
Sin poder entrar por medios convencionales, la maga trepó uno de los árboles de los jardines de la mansión y siguió una rama que la llevo a estar frente a una ventana por la cual ingresó sigilosamente. La casa era oscura por dentro, pocas habitaciones tenían las luces encendidas y aquella a la que la maga llegó no era una de ellas. No podía distinguirse nada con claridad, la maga tropezaba con algún mueble a cada paso que daba hasta que finalmente llegó a la puerta de la habitación, pero solo para salir a un pasadizo apenas iluminado. Caminó hacia la derecha y notó que a los lados del pasillo no había más puertas, solo una al final y fue hasta ella.
La puerta de la habitación estalló en un chillido de puerta vieja que rompió totalmente el silencio y que generó una pesada atmosfera de terror que la maga no tardó en percibir profundamente. Dentro de la habitación estaba el joven millonario parado frente a una mesa con las manos sobre la misma y un vaso de licor al lado. El joven, sin voltear, gritó insistiendo en que no sería parte de los planes del líder, cuando terminó, un silencio inundo la habitación y se quedó así hasta que una voz muy suave volvió a romperlo.
Los ojos del joven se abrieron sobremanera, mirando al vacío y demasiado sorprendido como para reaccionar de otra manera en ese momento, la maga dijo lo necesario para congelarlo, para conmoverlo de tal manera que los ojos del joven comenzaron a brillar y luego, a inundarse aún sin poder moverse. La maga lo había llamado por su nombre: Julius.
Aquella mujer fue el gran amor de toda la vida de Julius, una de las pocas personas que le hacían pensar que la vida era más que aquella vieja mansión y sus cosas. Ella se fue de su vida hace mucho y desde entonces la vida del joven millonario se vació completamente. Una persona abandonada, teniendo todo y nada.
El joven volteó a ver a la mujer en la habitación y de inmediato ella corrió a sus brazos. Aquel momento se congeló así por varios minutos. Después, la maga cerró la puerta de la habitación y luego de un largo rato, ambos salieron y el joven, ahora dispuesto a ayudar a la maga y al líder, llevó a la mujer al sótano de la casa para mostrarle como podía ayudar.
Cuando Vilma se alejó de la vida de Julius, éste decidió distraer su mente en lo que fuera y en ese afán empezó a inventar cosas, sobre todo, armas y artículos que pensaba patentar y vender a contratistas que negociaran con el estado, sin embargo, hacer crecer su fortuna no era algo que le fuera de suma urgencia por lo cual dejaba pasar esos planes y por ello todos sus inventos estaban conservados en su mansión.
Desde armas con más de dos cañones y con formas inusuales hasta vehículos extrañamente modificados, Julius tenía un verdadero arsenal de armas de manufactura propia que llenaban la inmensidad de su mansión. Además, lo que resaltaba entre todos sus inventos era un prototipo de exoesqueleto que, según Julius, hacía invencible a quien lo llevara puesto.
Luego de un buen rato esperando en el palacio de la organización, los otros miembros del equipo se estaban impacientando. La tensión se sentía dentro de la sala y todo colapsó con los gallinazos queriendo irse, se pusieron de pie y al extender la mano para tomar la perilla de la puerta, ésta se alejó y Julius y la maga aparecieron abriendo la puerta, se disculparon por la demora y tomaron asiento. Los gallinazos tomaron con humor esa situación, solo pidieron que no se repita y también se sentaron.
Una vez reunidos, el líder y Haya de la Torre empezaron a explicar los planes del alto mando clandestino, sus pretensiones golpistas y las consecuencias que traería permitir que eso pase. Todos escuchaban atentamente y coincidían con los que estaban explicando.
Ambos hombres explicaban que las políticas internacionales de Belaunde estaban “ofendiendo” a los militares. Una empresa petrolera extranjera iba a ser contratada para la extracción de petróleo en el norte del país, un contrato que si bien no satisfacía a todos, beneficiaba a la mayoría y por eso estaba saliendo adelante.
Por otro lado, el general Velasco Alvarado reunía a sus generales; Rafael Hoyos Rubio, Jorge Fernández-Maldonado, Leónidas Rodríguez Figueroa y Enrique Gallegos Venero. Cada uno convocando a sus huestes en aire, mar y tierra y teniéndolas listas para cuando el general Velasco de la orden de dar el golpe.
En una mesa redonda, en una sala poco iluminada, los militares discutían el día, la hora, la forma, cada detalle de su revolución y al mismo tiempo, enterándose poco a poco de las acciones de Belaunde y las empresas extranjeras que, según ellos, despojaba al Perú de toda dignidad y soberanía.
Al margen de todos estos planes, el presidente Belaunde intentaba con el poco poder que tenía, mantener el orden democrático y la estabilidad social en medio de protestas, inconformidades y una amenaza invisible.
Luego de tener toda la información, el equipo de la Cruz Negra se puso de acuerdo y el líder empezó a delegar misiones a cada miembro. Los primero comisionados fueron los gallinazos.
En el norte, la tensión social era latente y los operarios de las empresas extranjeras no vivían tranquilos. La zona de la Brea y Pariñas estaba sitiada por pequeños contingentes militares cuya presencia solo auguraba lo peor. Cada entrada de los complejos petroleros estaba controlada y en el interior, oficinas y casas estaban llenas de trabajadores que no salían por miedo a ser atacados por los militares.
Un poco más lejos de ese lugar, en los pueblos y ciudades aledañas, la tensión se sentía cada vez más fuerte con cada camión del ejército que por ahí circulaba. Faltaba solo una chispa que encendiera esa montaña de pólvora. Una guerra civil inminente.
Ante esta situación, los gallinazos fueron enviados a dicha zona a evaluar la situación y a actuar a voluntad. Los siguientes días, los gallinazos esperaron ocultos en los pueblos cercanos al complejo petrolero observando y recogiendo datos para saber cómo y cuándo actuar.
Mientras tanto, en Lima, el resto del equipo evaluaba cada noticia en periódicos y otros medios esperando conocer el más mínimo movimiento de Velasco, pero no había nada, nadie hablaba de él ni de sus generales, nadie parecía siquiera presentir que era lo que estaba por pasar.
Cuando la información pública no fue suficiente, el líder envío a la maga junto a Julius a infiltrarse en los distintos cuarteles y oficinas del ejército en toda la ciudad. Uno a uno los puntos estratégicos del ejercito fueron saqueados, algunos incluso, sin dejar rastro y la información obtenida iba dando más luces acerca de los planes de Velasco.
En uno de estos puntos, la maga pudo comprobar el potencial de las armas que Julius había inventado. Estando adentro del cuartel San Evaristo, no habían hallado nada que pudiera ser útil para su operación por lo que decidieron salir de ahí, sin embargo, sabían que ahí se guardaban documentos importantes para los militares, pero no sabían dónde y estar más tiempo ahí aumentaba el riesgo de ser descubiertos y detenidos y disminuía las posibilidades de escapar.
Los guardias del cuartel y los soldados que estaban ahí se habían dado cuenta de la presencia de los intrusos y con sumo silencio habían rodeado el edificio de oficinas donde estaban Julius y la maga, luego de un rato, los soldados amenazaron a los intrusos diciendo que se entreguen o de lo contrario abrirían fuego. Fue entonces que Julius le pidió a la maga que se aleje de las ventanas y se proteja, luego sacó de una mochila una suerte de guantes largos de metal que parecían tener cañones en los antebrazos, se los puso, apuntó hacia la pared y disparó una munición explosiva que la destruyó.
El lugar se llenó de humo y polvo y quien los amenazó antes gritaba ¡Disparen! ¡Disparen!, entonces, Julius sacó de la mochila dos discos gruesos con un botón al medio y lanzó uno hacía el exterior donde estaban los soldados, pero antes de lanzarlo presionó el botón que tenía y unos segundos después de eso el disco echó ráfagas de balas contra todos los que estaban afuera.
Cuando el aire se despejó, casi todos habían sido abatidos y unos cuantos estaban muy mal heridos, Julius y la maga bajaron y tomaron a uno y lo obligaron a hablar, sabían que no tenían mucho tiempo antes de que llegaran refuerzos o más soldados así que tuvieron que torturarlo. Presionaron sus heridas, les echaron pólvora y lo golpearon. Cuando finalmente habló, dijo que en la oficina de correos del cuartel había una caja roja que contenía cartas con instrucciones y órdenes del mismo general Velasco. Ambos intrusos fueron a comprobar las palabras de aquel soldado y efectivamente, en la oficina de correos había una caja de metal roja que tenía cartas de Velasco, en una de ellas se indicaba la próxima ubicación de los planos de palacio de gobierno, su lugar final para estar a buen recaudo antes del golpe.
Luego de entrar a casi todos los puntos establecidos, a Julius y la maga solo les quedaba un último lugar, la escuela militar en Chorrillos, lugar donde ya sabían que estaban resguardados planos del palacio de gobierno con los cuales Velasco pretendía conocer entradas y salidas para poder atacarlo.
El problema con este último punto era que estaba muy bien custodiado por guardias y soldados con tanques y artillería pesada. Velasco era consiente que muchos querían evitar sus planes, obviamente sabía que quienes conocían sus intenciones no era grupos revoltosos cualquiera, eran organizaciones muy bien constituidas que manejaban información casi a su nivel. La ausencia de esos planos debilitaría de manera considerable la operación de Velasco y por lo tanto, era de vital importancia arrebatárselo. Lobos cazando lobos.
Quien se encargaría de ingresar a la escuela a sustraer los plano era el Doble. Para esto había fabricado 10 estatuas dentro de su taller y utilizando sus habilidades mágicas las dio vida para usarlas como señuelos, distracción o escudo en caso de que las cosas se agravaran.
Al aparecer en la entrada, una primera estatua fue abatida, en ese momento el Doble utilizó su magia e hizo que los soldados vean que él aún estaba ahí por lo que siguieron disparando y mientras lo hacían, otras dos estatuas irrumpían en una de las puertas laterales. El Doble logró entrar con la ayuda de las estatuas, pero apenas ingresaron fueron atacados y en medio de esa situación el Doble no pudo sostener su influjo sobre los soldados de la entrada principal y la ilusión desapareció consternando a los militares.
Ambas estatuas fueron destruidas mientras protegían al hombre y éste logró ocultarse tras un muro, cuando parecía perdido, otras dos estatuas llamaron la atención de los soldados quienes fueron tras ellas. Ya sin la presión de estar siendo atacado, el Doble volvió a hechizar la mente de los soldados haciéndoles verlo por todos lados.
Con el personal militar ocupado persiguiendo sombras, el Doble se reunió con las otras 5 estatuas en un edificio con oficinas, delegó a cada una buscar en las oficinas y de no hallar nada, ir con cuidado hacia otros edificios para seguir buscando, él haría lo mismo. Cada estatua buscó sin éxito los planos, cuando revisaron todo, una por una empezaron a salir y se dirigieron sigilosamente a los edificios contiguos mientras el Doble mantenía el influjo sobre los militares para que fuera seguro seguir buscando.
Las estatuas buscaban arduamente los planos en cada escritorio y estante de todos los edificios sin encontrar nada, al mismo tiempo, más soldados llegaban de todas partes hacia las oficinas para atrapar al Doble y a sus estatuas. El Doble logró llegar al edificio principal, pero tuvo que romper el influjo para poder continuar o se desconcentraría de la búsqueda.
Los soldados, ya más lúcidos, empezaron a buscar y atacar a las estatuas y una a una fueron cayendo y el Doble estaba desprotegido pues ponía su concentración en buscar los planos y no en crear las distracciones que antes lo mantuvieron a salvo. En un momento, el Doble logró llegar a la oficina de uno de los generales socios de Velasco en sus planes de revolución.
El general Rodríguez estaba ahí y cuando el Doble entró le disparó. Sin embargo, el Doble apenas llegó a la oficina, se colocó a un lado de la puerta y avanzó pegado a la pared mientras le hacía creer al general que él seguía parado en la puerta. Rodríguez le había disparado a un espejismo y para cuando se dio cuenta, el Doble lo golpeó en la cara y lo desarmó para interrogarlo.
El Doble preguntó cosas que en realidad la organización ya sabía, todo con el fin de llegar a tres preguntas importantes; Donde estaban los planos, Como sería el golpe y cuando lo darían. Obviamente el general se rehusó con ahínco a responder. En determinado momento las cosas se pusieron intensas cuando empezaron a gritar pregunta y respuesta evasiva, una tras otra y la tensión entre gritos era creciente hasta que ya no eran gritos sino golpes los que empezaron a darse, con los puños o con lo que estuviera a la mano.
Después de un rato, ambos hombres estaban cansados y aun así seguían peleando. El general, al ver que la pelea ya se había vuelto insulsa, presionó un botón que estaba a un lado de su escritorio sin que el Doble se diera cuenta. Al cabo de un rato, un soldado apareció en la puerta y logró sujetar al Doble por la espalda, tomándolo de los brazos y poniéndolo frente al general para que éste lo golpeara.
En otras oficinas, las estatuas seguían buscando los planos, tres de ellas ya habían sido destruidas a manos de algunos soldados, pero justo cuando estaban golpeando al Doble, una de las estatuas entró a la oficina del general y liberó de la paliza a su creador para luego ayudarlo a vencer a los dos militares. En todo momento, el Doble trató de interrogar al general de manera alturada y sin recurrir a ningún método poco convencional, sin embargo, después de un rato y de lo que había pasado, no dudó en golpear y torturar al general para que este confesara todo.
Pasó alrededor de media hora y tres dedos rotos cuando el general finalmente dijo que los planos del palacio de gobierno estaban ocultos en el museo de las instalaciones, escondido debajo de la maqueta a escala del lugar.
El Doble soltó al general y junto a la estatua se dispusieron a salir, en ese instante un disparo destruyó la cabeza de la estatua y el hombre, preso del pánico, se tiró al suelo con las manos sobre su nuca. En el suelo, escuchó una voz en un megáfono que le decía que habían capturado a la otra estatua, que sabían cuáles eran sus trucos y que estaba totalmente rodeado, toda la guardia de la escuela militar estaba ahí para arrestarlo.
Cuando todo parecía perdido para el Doble, las cosas empeoraron cuando oyó que la puerta del edificio donde estaba era derrumbada por los soldados. Casi pegado al suelo, buscó donde esconderse y solo pudo cubrirse tras el escritorio del general. Se escuchaban en el fondo los pasos de los soldados que corrían en todas las direcciones buscando al Doble y en un instante, los gritos del general los alertaron y eventualmente los llevaron hasta su oficina.
El hombre, atrapado entre los ensordecedores alaridos del militar y los retumbantes golpes de las botas de los soldados contra el viejo piso, solo podía pensar en lo mucho que se arrepentía de aceptar ser parte de esto y en que debió haber exigido un mejor pago. Vio por debajo del escritorio que los soldados ya habían llegado, entonces cerró los ojos. Su reloj se detuvo.
Tres disparos seguidos destruyeron las ventanas de la oficina y los cráneos de los soldados que cayeron al suelo mirando directamente al Doble. Su reloj seguía funcionando. Se asomó con sumo cuidado a la ventana, vio hacia abajo y todo lo que se podía ver era soldados intentando formarse en un puesto para repeler algún ataque que no vieron, todo entre humo y polvo.
Sin perder la compostura, el hombre salió corriendo del lugar y buscó salidas, caminos, rutas por donde escabullirse para no seguir en ese edificio. En medio de su huida, en el patio principal se oían explosiones, disparos y gritos. El hombre logró salir de aquel edificio y fue a escondidas hasta el museo donde logró ver a dos soldados que custodiaban la entrada, viendo lo que estaba pasando, ellos ni siquiera se habían inmutado, seguían en sus puestos.
El Doble seguía escondido mirando la entrada del museo pensando en cómo podría ingresar sorteando a los dos guardias, pero mientras lo pensaba, ambos soldados cayeron al suelo, cada uno con un hoyo en la cabeza, alguien les había disparado. El hombre entró en el museo y buscó la mesa de la maqueta, se tardó por la falta de luz, pero encontró la maqueta en el último salón del fondo del museo; una mesa enorme con patas de madera gruesa y muy antigua.
Se echó bajo la mesa y encontró un sobre enorme de cuero pegado a la parte de debajo de la maqueta. Tomó el sobre, lo enrolló y salió del lugar como pudo, pero estando por salir vio que el humo y la conmoción en el edificio de oficinas se habían disipado y los soldados se ponían en guardia buscando al intruso. Sintiéndose otra vez perdido, el Doble se escondió en el museo a esperar su muerte o un nuevo milagro.
Abrazando el sobre de cuero, con los ojos bien cerrados y el corazón lleno de miedo así como de convicción, el Doble empezó a escuchar lo mismo de antes, gritos, disparos, pasos lentos y pasos rápidos y en un momento, empezaron los estruendos de las explosiones que cada vez se acercaban más y más a él. En un inicio pensó en un ataque aéreo en la escuela militar, pero era ridículo pues todos los aviones de combate estaban a disposición del alto mando y ninguno atacaría esas instalaciones con esa intensidad solo por un intruso que ni siquiera habían visto en persona.
Las explosiones cada vez eran más escandalosas y aturdían más y más al Doble hasta que todo aquel bullicio terminó con unos suaves, pero insistentes golpes en la puerta, como si alguien quisiera entrar por las buenas al museo. El Doble, aterrorizado, solo atinó a preguntar quién era y cuando le respondieron sintió un alivio sobrecogedor. El líder y Haya de la Torre habían estado en los techos disparando con rifles de mira telescópica y luego con un mortero miniatura con el que lanzaron bombas de humo y gas lacrimógeno. Sacaron al Doble del lugar y regresaron con los planos al palacio de la organización.
Mientras tanto, en el norte, la tensión crecía con cada día que pasaba y los gallinazos, cumplían con sus órdenes de observar y reportar. Durante esos días no hubo ningún altercado, ningún problemas entre los pobladores y los militares, nada. Las horas para los gallinazos se volvían aburridas e inimaginablemente largas. Sin embargo, el primer día de Octubre, un hecho cambió esa situación por completo y comenzó con el final.
La noche del primero de Octubre, unos niños jugaban futbol cerca de un puesto de vigilancia del complejo petrolero. Los soldados los miraban con desconfianza, pero con una sensación de tranquilidad que les daba el hecho de que solo fueran niños pequeños. Sin embargo, una mala jugada lanzó la pelota dentro del perímetro marcado a las afueras del lugar custodiado. Uno de los niños, el más inocente quizá, fue enviado por el balón y cruzó la cerca llamando la atención de los guardias. Al ver que llevaba un objeto de mediano tamaño entre las manos le apuntaron y amenazaron para que lo suelte. Sus amigos lo presionaban para que no hiciera caso y saliera de ahí lo antes posible, mientras menos tiempo estén por esos lares, menos problemas tendrían. Del otro lado del cerco, los guardias gritaban que suelte el objeto y salga del perímetro, insistían en ello y el niño solo pudo concentrarse en obedecer a sus amigos e intentar salir rápido del lugar.
Un disparo que rompe el viento, que levanta el polvo y lo lleva de la mano hasta mezclarlo con sangre y carne de un pequeño y frágil cuerpo que cae más allá de donde estaba. Un agujero que no dejaba de llorar, no tanto como los ojos de otros niños. Los soldados acribillaron al niño antes de que pudiera cruzar el cerco.
Padres, madres, hermanos, abuelos, todos corrieron hacia el lugar y vieron al niño en el suelo en medio de su sangre y se horrorizaron y volcaron su ira contra los soldados y quisieron atacarlos, lo hicieron y los mataron. El resto de los soldados atacaron y la gente hizo lo mismo, lo gallinazos no tardaron en notar ese enfrentamiento y decidieron intervenir.
Las protestas y enfrentamientos entre el personal de seguridad del complejo petrolero y los pobladores se hicieron más intensas con el pasar de las horas y cada vez habían más muertos de ambos lados. Los gallinazos estaban con la gente, tenían armas modificadas que les daban cierta ventaja y explosivos de manufactura propia con explosiones inusuales que causaban daños considerables.
Sin embargo, el complejo estaba muy bien custodiado y los guardias y soldados eran demasiado contra dos tipos raros y unos cuantos pobladores iracundos. Las municiones se les acababan al igual que los explosivos y las ideas para salir vivos de ahí. Por su parte los soldados seguían disparando a diestra y siniestra, algunos ni siquiera sabían a qué o quienes les disparaban, solo cumplían órdenes.
Todo parecía perdido, pero los gallinazos estaban muy calmados para una situación como esa, como si supieran que las cosas no terminarían ahí. Incluso, pasados unos minutos, empezaron a reírse en medio del fuego enemigo, los pobladores los miraban y lejos de contagiarse de su confianza, el miedo los envolvía cada vez más.
De repente, vieron a lo lejos una figura humana, pero inusualmente alta y de una contextura muy gruesa que parecía traer dos palos en la espalda. Se acercaba lentamente y por la falta de luces, se veía completamente oscura. Mientras más cerca estaba, los gallinazos reían aún más y los pobladores seguían confundidos. Creyeron que aquella figura los atacaría y empezaron a dispararle, pero los gallinazos los detuvieron diciéndoles que eran los refuerzos, la artillería pesada.
De repente una estela de luz cubrió la figura por un segundo y de ella salió despedido un misil directo a los soldados. En ese momento, los pobladores y los gallinazos salieron a atacar, disparando y lanzando sus granadas hacia el puesto de vigilancia. Lo mismo pasó en otros puestos, turbas de gente iracunda atacaban a los militares por la muerte de un niño.
Aquella figura inmensa finalmente llegó hasta donde podía verse, era Julius en su exoesqueleto mecánico. Julius les comentó a los gallinazos que el reporte de la situación del complejo petrolero de los agentes del Líder llegó antes que las noticias y lo enviaron a ayudar. Sin embargo, los puestos de vigilancia y demás oficinas militares en el lugar estaban fuertemente armadas y repletas de soldados, camiones y uno que otro tanque.
Por suerte, Julius ya había informado de esta situación apenas llegó y los refuerzos desde Lima ya estaban en camino. Así, los gallinazos y los pobladores avanzaron con la ayuda de Julius y a su vez, los demás pobladores que atacaron los otros puestos, se le unieron.
El exoesqueleto que llevaba Julius era casi de tres metros de altura, tenía cortos escudos de acero blindado en las extremidades, la parte del tronco era de kevlar y aluminio revestido de cobre, de la espalda salían dos grandes estructuras que parecían aguijones gigantes. Las armas eran lo mejor, el traje estaba repleto; ametralladoras en los brazos, lanzacohetes en los hombros, escopetas de corto alcance al costado de cada pierna, cuchillas por todos lados y cargaba con una escopeta muy grande que al dispararla hacía un fuerte ruido ensordecedor.
Con una ayuda así, los pobladores se sintieron inspirados a expulsar de sus tierras a los militares y siguieron enfrentándolos. Sin embargo, la superioridad en armas de los soldados les estaba dando la ventaja frente a las enardecidas personas que aun así seguían en su lucha. De igual forma, Julius y los gallinazos seguían peleando, haciendo tiempo hasta que los refuerzos del líder llegaran hasta el lugar.
Casi como una coincidencia, mientras los tres hombres discutían cuando llegarían los refuerzos, un helicóptero empezó a destruir los puestos de los soldados mientras levantaba una enorme estela de polvo. Al acabar con la gran mayoría de soldados, el helicóptero aterrizó en el claro que había entre la gente y los soldados y de él bajaron la maga, el Doble y el líder, todos con chalecos antibalas. Se encontraron con Julius y los gallinazos y juntos avanzaron con los pobladores a acabar con todos los puestos militares que quedaban, además de quemar todas las oficinas prefabricadas de los soldados.
Mientras destruían lo último que quedaba de los puestos de los militares, escucharon una explosión, como un disparo y entonces uno de los aguijones del exoesqueleto de Julius explotó y el traje comenzó a incendiarse. El grupo vio a lo lejos que se acercaba un tanque, pero más se preocuparon por ayudar a Julius a salir del traje. Así, los gallinazos empezaron a disparar contra el tanque, el Doble conjuró espejismos de sí mismo lejos de donde estaba el grupo para distraer a quienes les disparaban. Mientras tanto, el líder y la maga intentaban apagar el fuego del traje y sacar a Julius. Los conjuros del Doble funcionaron, pues el tanque disparó dos veces hacia un blanco lejos de donde estaba el grupo, pero la distracción no duró mucho ya que los gallinazos seguían disparando.
Julius pedía ayuda al mismo tiempo que se disculpaba por no haber visto al tanque acercarse. El líder y la maga le repetían que no había nada que disculpar, que todo iba a estar bien. La maga trepó hasta donde estaba Julius, lo tomó de la cara y mirándolo a los ojos le dijo que todo iba a estar bien. Justo en el momento en el que la maga terminó aquella frase, otra explosión en todo el respaldar del traje lanzó a ambos lejos de traje. La enorme armadura no se pudo mantener más de pie y calló al suelo, el fuego no dejaba ver nada en su interior, La maga gritó horrorizada mientras corría hacia lo que quedaba del exoesqueleto, lo mismo el líder. No encontraban a Julius por ningún lado hasta que un gritó los alejó del incendio. “Vilmaaa!” se oyó en la oscuridad de aquella madrugada del primero de octubre.
A los ojos de todo el grupo, todo pasó tan rápido, en una cuantas horas. Mientras llegó un gigante de hierro y luego ángeles de la guarda en una carroza de metal, en un instante, tan simple, tan rápido. Vencieron a los malos, ganaron, pero nunca se gana sin perder. Ningún esfuerzo está exento de sacrificio y toda causa que implique esfuerzos, implicará también sacrificios.
Julius estaba a unos metros del exoesqueleto incendiado, su cuerpo estaba partido a la mitad, su brazo izquierdo estaba destrozado y parte de su cuello y cara estaban quemados. La maga corrió hacia él llorando, horrorizada por lo que estaba viendo. Julius tomo la mano de Vilma mientras le pedía perdón por no haberla buscado antes y permitir que los separen, luego le dijo que la amaba. Vilma, entre sollozos y lágrimas, le decía que también lo amaba y que nada podía haberla hecho más feliz que el haberse encontrado en medio de una aventura, justo como cuando eran jóvenes. Después de decir eso, lo besó, solo para darse cuenta de que él ya estaba muerto.
Los gallinazos, el Doble y el líder siguieron disparando contra el tanque; los primeros, lanzaron todas las granadas que les quedaban mientras trataban de cubrirse del fuego enemigo con lo que sea. Unos metros después, el avance del tanque fue detenido por los pobladores del lugar que lograron treparse y acabar con todos en el interior. Todo esto pasó mientras la inconsolable mujer abrazaba con fuerza lo que quedaba del cadáver de Julius.
Las siguientes horas fueron lúgubres, tristes y muy silenciosas. Nadie dijo una sola palabra mientras regresaban a Lima, nadie hizo preguntas, nadie cruzó miradas y por más helada que estuviera la mano de Julius, la maga no la soltó en ningún momento.
Las horas pasaron muy largas mientras llegaban al palacio de la organización, ahí se rindió honores a quien ya no estaba ahí y luego de unas horas, un funeral con lluvia se celebró en el cementerio privado de la mansión de joven magnate. Un día triste para un hecho triste.
Luego del funeral, los gallinazos le preguntaron al líder como es que ellos y Julius llegaron tan rápido al complejo petrolero. El líder les dijo que ellos habían estado en Piura unas horas antes de lo ocurrido con aquel niño, al oírlo, los gallinazos se cuestionaron como es que la organización y el líder sabían que eso ocurriría y luego de especular, decidieron preguntárselo al líder y este, con la mirada seria y sin titubear, respondió que no lo sabían sino que ellos lo provocaron. Los gallinazos se sorprendieron sobremanera, pálidos y con los ojos muy abiertos se miraron entre si y luego al líder solo para tomarlo luego por el cuello del saco, empujarlo contra la pared y preguntarle con profunda indignación como era posible que hayan hecho algo así.
Sin perder la seriedad ni la mirada sobria, el líder les respondió que los sacrificios eran necesarios, que no todo eran planes perfectos ni estrategias inequívocas y que la vida de aquel niño no era distinta a la vida de cualquier otro soldado inocente que solo cumplía órdenes. Haya escuchó la discusión y tomó por el hombro a los gallinazos para decirles que se tranquilicen, les dijo que él sabía lo que se sentía saber que eso pasaría, tan horrible sacrificio, tan nefasta movida para que un plan funcione. Sin embargo, era necesario y había que entenderlo, sin condenarlo. Los gallinazos escucharon a Haya y se resignaron no sin antes advertirle al líder que solo se quedarían por el pago y luego no los volvería a ver.
El dos de octubre se enterró a un mártir, aquel día llovió como si el mismo Dios supiera que algo terrible había pasado y se puso a llorar. La inconsolable mujer no se apartó del ataúd ni de sus recuerdos y su mirada perdida en el vacío revelaba su dolor.
Al perder los planos de palacio, Velasco no tuvo más opción que irrumpir en el lugar por la fuerza con tanques, tanquetas, camiones y soldados y entonces sucedió.
Pasaron las horas y las noticias reportaron que el general Velasco había tomado palacio de gobierno con tanques y soldados armados obligando a huir en un helicóptero al presidente Belaunde. Dando un discurso con tintes socialistas y con ideas que sonaban bien pero sin fundamento lógico real, Velasco tomó el poder el tres de octubre de 1968 instalándose en palacio junto a sus colegas y soldados.
Todo el equipo de la operación Cruz Negra se miró a las caras, entendiéndose solo con esa mirada, sabiendo lo que había que hacer e incluso, la maga cambió su mirada de dolor por una de decisión, de retribución, de venganza.
Era la mañana del 3 de octubre cuando el general Velasco intentó preparar su discurso con el que haría oficial su ascenso al poder. Sus colegas, a su lado, eran mudos cómplices del atropello, de la supuesta salvación de la que estaba por ser víctima el estado peruano.
Sin embargo, el ruido de explosiones y disparos interrumpió sus pensamientos y al oír alboroto, envió soldados a averiguar qué era lo que estaba pasando. Luego de que los soldados habían salido de la sala donde él estaba, sus colegas generales llegaron corriendo y se encerraron en el mismo lugar gritando que unos locos estaban atacando a los soldados y que pretendían entrar a palacio.
Los gallinazos, utilizando tecnología del fallecido magnate, empezaron a destruir los camiones y tanquetas que estaban en el patio principal, el Doble conjuró varios espejismos para confundir a los soldados mientras que un par de sus estatuas los atacaban y la maga junto al líder ingresaban por una puerta lateral de palacio.
El hombre junto con la joven espía, acabaron sigilosamente con cada soldado que encontraron buscando la sala donde se ocultaban los generales, pero cuando llegaron a la sala de los pasos perdidos se encontraron con 5 soldados con los que tuvieron que pelear de manera no tan sigilosa y cuando lograron acabos con 3, uno corrió por unas escaleras hacia el segundo piso y el otro activó un granada y corrió hacia la pareja. Sin embargo, tanto la maga como el líder tenían unos escudos replegables en los brazos, los cuales activaron para cubrirse del suicida.
La explosión de una granada dentro de palacio estremeció todos los rincones del lugar y en la sala del segundo piso donde estaban los generales, aún más. A dicha sala llegó el soldado que huyó del salón de los pasos perdidos y le informó al general Velasco lo que sucedía. Furioso, el general les dijo a sus colegas que pelearían ahí mismo y que, por su justicia, su lucha debía prevalecer hasta en el último hombre.
En aquella sala, las armas salieron de cada cajón ahí, tres escritorios llenos solo significaban que el general había estado ahí antes y escondió armas porque sabía que algo podía salir mal. Puso a sus colegas y al soldado en “sus puestos” y les dio armas diciendo que se defenderían hasta el final. Trancaron la puerta con todo lo que tuvieron y esperaron.
Mientras tanto, los soldados que lucharon contra los gallinazos fueron abatidos al igual que los que lucharon contra el doble y sus estatuas, pero la policía llegó al lugar y los tres hombres tenían instrucciones de no enfrentarse con ellos por lo cual, solo depusieron sus armas y fueron arrestados. Detenidos, solo les pidieron a las autoridades que esperaran a ver lo que sucedía dentro de palacio porque era muy probable que los necesiten.
Los generales esperaban apuntando sus armas a la puerta, en el momento más tenso golpearon suavemente la puerta y todos los gatillos fueron apretados y los cargadores vaciados contra la entrada dejándola casi desecha. Entre el humo y las astillas en el aire, dos discos gruesos fueron arrojados hacia el interior de la sala y en el aire arrojaron ráfagas de balas contra los militares, varios de ellos murieron excepto Velasco, porque tomó por la espalda a un colega suyo y lo usó de escudo, y el soldado que huyó que se tiró al piso llorando y suplicando.
Al ser confrontado, Velasco dijo: “No me arrepiento de esto, me siento frustrado. No sé quiénes son ni lo que quieren, pero están dejando morir a una gran nación. Si lo hacen, cuanto más tardará en desangrar a nuestra patria esos sucios extranjeros, los capitalistas nos mataran y a la belleza de nuestras tierras y la soberanía del Perú y al final, cuando no quede nada, los mataran a ustedes! Perros! Perros!”. Quedó gritando un rato hasta que el líder le dijo que esa no era la manera de salvar a un país, luego de eso, con voz más calmada, Velasco pidió ser ejecutado en privado.
Así pasó y su cadáver quedó junto a una serie de documentos en los que se explicaba sus intenciones, las acciones tomadas y un reconocimiento a la autoridad del presidente Belaunde.
El Doble y los gallinazos fueron libreados gracias a las influencias del líder, el equipo de la Cruz Negra se reunió en el palacio de la organización y los únicos que recibieron un pago fueron los gallinazos que se fueron inmediatamente después de recibir su dinero.
El país siguió su orden democrático, los sacrificios hechos son los cimientos de un futuro mejor y cuantos más sean, más será la responsabilidad de quienes vengan de cumplir con ese mejor futuro, no dejen que esos cuerpos solo sean rocas en cimientos vacíos.
Sean mejores que nosotros.