Autor: Cesar D. Chirinos

Reunidos como todas las noches, el capitán Pizarro, sus cuatro hermanos, Hernando de Soto y el rey cautivo, filosofaban sobre los indescifrables caminos de un destino:

Ningún gitano puede deciros cuál es vuestro destino, solo Dios lo sabe y nunca podréis cambiarlo, dijo Pizarro.
Dios no existe. Sólo existe el destino, si es fatal, tú puedes cambiarlo. Los Apus saben que pasará. Yo no creo en ellos. Que emoción habría de saber que morirás mañana. ¿entonces para que vivir?, argüía el soberano inca.
Cuando la parca os visite, pues, ¡No hay más futuro que valga por Santiago!,   agregó efusivo De Soto.
La vida no acaba con la muerte. Bajamos al UkuPacha un tiempo, para volver al KayPacha en otro cuerpo, en otro tiempo quizás. Debemos   continuar la labor que el destino nos tiene reservado, retrucó Atahualpa.

No conocían la cosmovisión andina, ni la capacidad metafísica del inca.  Menos podían creer que en un mundo panteísta, idólatra, no católico, su líder fuese agnóstico.

Curtidos en el arte de la guerra, habían enfrentado y eludido la muerte infinidad de veces. Aquella noche en especial, la obstinada sombra aguardaba silenciosa un alma que llevarse al lugar sin retorno.  Cabizbajo, sin hallar palabras, el capitán Pizarro musitó al cacique la terrible noticia tomada por su plana militar. El Inca no entendió como fue hallado culpable. Faltaba poco para llenar los cuartos de oro y plata. No existía explicación, respondió con voz firme:

La palabra empeñada en nuestros pueblos es ley. Para ustedes la ley es el oro.  Eso los arruinará.

La noticia no le afectó en absoluto. Confiaba un día volver reencarnado para reunificar su Imperio. Por siglos, las culturas prehispánicas han creído en la conexión de los tres mundos:  el de arriba, el actual y el de abajo. Del mismo modo, su concepción del tiempo no registra pasado, presente o futuro. Todo está vinculado al mismo tiempo y tiene el mismo valor.

En los meses de cautiverio, el intercambio de ideas, conceptos y pensamientos tan dispares había consolidado una gran amistad entre el cacique y sus captores. Ninguno deseaba su muerte. El propio Pizarro hizo saber al Rey de España su negativa a la ejecución. Sin embargo, una carta enviada por el Padre Valverde, previo acuerdo con el avaro y codicioso Almagro, insistía en eliminar al Inca para proseguir al Cusco:  

Os digo vuestra Majestad, con pleno entendimiento de mis deberes que este Atabalipa es el mismo Lucifer.  Está poseído de las peores aberraciones, fornica con hombres, es incestuoso y abusa de niñas de trece años. No entiendo como Don Francisco quiera perdonarlo porque ni bautizado está. Juro por la Santa Biblia que este indio arderá en el infierno, porque no es humano ni tiene alma.

Sentado en posición de loto sobre una colina, intentaba blanquear su mente mientras percibía la belleza de los profundos valles andinos, la calidez del Dios Sol y el sonido mágico-curador de la corriente del río fluyendo sobre las piedras. Reflexionaba sobre el sino fatal de su Imperio. A pesar de todo, permanecía tranquilo ante la proximidad de la debacle, aferrándose a la idea que el destino aun siendo parte de un plan preestablecido, podía modificarse a fuerza de voluntad. Contrastaba con el semblante hispano, rostros compungidos, miradas extraviadas de absoluto pesar y lástima. Conscientes de no haber conocido jamás un líder que también era un Dios, auténtico, de sabidurías desconocidas para Occidente.   No pudieron evitar la comparación, criticando amargamente que el Rey Carlos V no tuviese siquiera un poquito de la inteligencia y humanismo del inca. Y que esa cruz, fuese tan sanguinaria.

En ocho meses de prisión había comprendido y asimilado mejor el universo occidental que sus captores el suyo. Aprendió el castellano con acento sevillano al punto de no necesitar intérprete, a escribir y jugar ajedrez. Pizarro que frisaba los 53 años, seguía siendo analfabeto. Los hispanos aprendieron la forma tan original de sumar, restar y multiplicar de los indígenas, sus curiosos sistemas de trueque o intercambio, la ingeniería de sus fabulosos puentes colgantes, la disciplina militar, la ley de la reciprocidad andina:  el hoy por ti, mañana por mí, base del compañerismo y la sociedad inca. Todos quienes conocieron en profundidad al cacique, se quebraron ante una muerte injusta. Por vez primera, un bárbaro, un indígena primitivo que no tenía alma, había traspasado la fina línea que separaba ambos universos, sacudiendo con su nobleza y bondad lo más profundo del pensamiento lógico y la razón absoluta. Un triunfo inesperado, inútil quizás, pero reconfortante para la humanidad.

Tras muchos días de ausencia, la última noche antes de la ejecución, Pizarro se presentó para despedirse. Por un tiempo que se volvió interminable, se clavaron los ojos ansiosos, sin odios, sin emociones. Al conquistador se le hizo un nudo en la garganta y no atinó a decir palabra. Impávido y sin defensa, el noble pudo penetrar aquellos ojos claros y hurgar en lo más recóndito de su amigo y verdugo. No hicieron falta más palabras, ni abrazos, ni recriminaciones. Una sola lágrima resbaló por el rostro endurecido del conquistador. La amistad verdadera, como señalara el cacique, no sólo nunca termina, sino que perdura por toda la eternidad.   

Reunió a sus socios, hermanos, al fiel Hernando de Soto. Entre miradas tácitas y sin mediar conversación, decidieron jugarse la vida como tantas otras veces. A medianoche buscaron al noble inca, bebieron chicha y pasaron de la tristeza a la alegría que produce el alcohol. Distendido y hablador, De Soto le reconoció su teoría de los distintos caminos. Aunque la conquista continuaría como estaba descrito y todos creyeran muerto al cacique, fue la voluntad hispana remecida por la ejemplar vida de un ser único, lo que modificó una de las páginas más tristes de la historia. Alguien apagó la lámpara y la noche llegó a su fin. Sólo quedó despierta una enorme luna llena, símbolo de la fecundidad y el amor maternal.  Bajo su pálida luz blanquecina, reflejo de los poderosos rayos del creador de la vida, descansaba un hombre signado por las dos luces. Atahualpa, el hijo del Sol y la Luna, esa noche se convirtió en inmortal.

No fue difícil hallar un indígena del mismo porte, contextura y cabellos similares.   Mayor honor de dar la vida por su Rey y Dios, no existía en aquel pensamiento. El trato contemplaba que los ejércitos andinos no se rearmaran ni sublevaran. La conquista era inevitable. Una vez más, los infinitos e indescifrables caminos del destino condenaban a un Imperio a su desaparición, dentro del tiempo y el espacio que le tocó existir.        

El gran líder salió entre las sombras del Tawantinsuyu, cambió de ropas, de corte de cabello. En una casa de madera flotante conoció no sólo el mundo de sus libertadores, sino todo Oriente y la India. Bebió de todas las fuentes occidentales del arte y la ciencia. Recorriendo Nepal, observó atónito el Himalaya. El lugar le evocaba sus montañas, su gente, sus valles. Allí sintió la misma fuerza cósmica que forjó el Tawantinsuyu, Cusco y Machu Picchu. Ante una invitación de los monjes budistas, decidió quedarse una noche y pasaron cinco largos años.

Había sido agnóstico de siempre, pero conocía por su educación imperial todas los ritos y costumbres religiosas acuñadas en milenios. Los monjes tibetanos utilizaban los mismos ritos secretos y hablaban con los mismos espíritus andinos de las montañas. Conoció y rezó con el Dalai Lama por la paz mundial, bendiciendo a los pueblos oprimidos y sus castigadores. Aprendió del budismo y practicó la meditación. El propio líder budista escribió su ilustre nombre en el Libro Sagrado de la Vida y la Muerte cuando sintiéndose iluminado, el noble inca le comunicó que deseaba volver.  Todos sabían que su presencia no fue casual. Lo estaban esperando. Cuando un destino debe cumplirse a fuerza de voluntad, todo el universo confabula a su favor.

Emocionado, de pie y con una venda en los ojos, fue rodeado por 64 monjes en un perfecto círculo. Sentados, ojos cerrados y tomados de las manos, repetían la letanía de un mantra extraño. Era el rito de despedida. De pronto se acallaron todas las voces, no escuchó más el canto de las aves, desapareció el aroma de incienso. Atahualpa extrañado, se quitó la venda y sólo vio estrellas. En la absoluta oscuridad sintió que flotaba en medio de la nada, sin peso.  Un estruendo acompaño una luz intensamente blanca y cayó pesadamente sobre la tierra. No fue una simple despedida budista. Fue un viaje astral de cuerpo y alma.

Era un mundo raro. De un salto felino, esquivó una caja rodante que corría a una velocidad fantástica. Edificios altísimos ocultaban la luz del Sol. Decenas de personas corriendo como cuyes asustados cuando una luz ámbar cambiaba a verde. Gentes en literas pequeñas vendiendo emoliente, maca y quinua por las calles. Un mundo infernal. Olores extraños, a leña húmeda quemada. bocinazos ensordecedores que asustaban a los perros. No existía orden ni ley. Consternado, intentó comprender cómo sus valles sembrados de papas, cañihua, maíz y kiwicha en maravillosos andenes de mil colores, se había convertido en una jungla de trastornados. Rostros ceñudos con la maldad reflejada en las pupilas, cual lobos hambrientos dispuestos a devorar una presa indefensa. Un profundo dolor invadió su corazón, sin lograr comprender en donde estaba.     

En medio del caos, nadie percató su presencia, ni sus ropas de monje budista. Su aspecto facial se mimetizaba con el entorno, salvo que él era hasta un poco más blanco. Supuso que estaba en Cusco o Quito, pero al voltear un puente, quedó petrificado. Era el Apu Límaq, lleno de multicolores casuchas, decenas de cajitas rodantes y una cruz en su cima. El hermoso río que hablaba, antes lleno de camarones y aguas cristalinas, era un asqueroso vertedero de residuos minerales, excrementos y basura.  Entendió que estaba lejos del Cusco o Quito, muy cerca de Pachacamac, pero no era su tiempo. Nada aún le hacía presagiar que estaba en la nueva capital del Tawantinsuyu.

Escarbó en su memoria buscando una respuesta. Recordó al capitán Pizarro salvándolo de morir dos veces. España, Italia, el Taj Mahal, finalmente los monjes budistas. Le encargaron absorber las sabidurías de Occidente y Asia para luego utilizando ese conocimiento, regresar y unificar ambos universos. Esa fue la condición por la cual, sus amigos arriesgaron el pellejo ante su Rey. Sólo que él, no recordaba este Tawantinsuyu.  

Parado en medio del Puente de Piedra, observaba el infierno a sus pies. No tenía la menor idea por dónde empezar su titánica labor.  Inconscientemente, comenzó observando las calles, las personas, la ciudad. Entristecido comprobó el desmedido apego a lo material, al dinero y el comercio. Esta actividad invadía todas los rincones, plazas y calles de la ciudad. Niños sin zapatos, mujeres andinas con el ñaño a la espalda, venezolanos empobrecidos, ancianos y discapacitados, todos pululaban vendiendo algo por las calles.  Se subían a las cajas rodantes, ofrecían por avenidas y aceras. Almorzaban cuidando sus productos callejeros y seguían vendiendo. Echados sobre la grama de un parque, sin almorzar muchos, descansaban escasos minutos para continuar ofreciendo compulsivamente sus caramelos y golosinas. Desde que amanecía hasta que oscurecía. De lunes a domingo sin descando.

La primera reflexión del inca sobre el intercambio de monedas por cosas, es que esa dedicación absoluta envilecía la razón y destruía las familias. Los convertía en esclavos de su pobreza o de su ambición.

Aplicó el popular refrán español, “Adónde fueres, haz lo que vieres”. Se volvió más social, Dejó la costumbre de sentarse en las escaleras de la Catedral de Lima.  Hizo labores de cargador de papas para solventar su alimentación. Al quinto día, cansado de dormir en la Plazuela de San Lázaro, tomar agua en los grifos y cazar palomas en San Francisco, se preguntó con ingenuidad, ¿Cuánto valdrá ese oro que enterraron mis súbditos en Caxamarca?

Al no tener documento de identidad ni partida de nacimiento, nadie le vendía boletos de avión ni pasajes en bus. Cavilando entre los portales de la Plaza de Acho, se acercó a un enorme tráiler que transportaba cemento. El grifero amigo, le había indicado que esa carga hacía ruta a Cajamarca. El cacique trepó como un gato hacia la ventana del chofer. Asustado de ver una cara tan indígena de golpe, se tiró para atrás. En un español culto con acento extraño, le dijo que era Atahualpa y necesitaba encarecidamente lo lleve a Pultumarca. Allá le pagaría con creces. El chofer miró esa nariz indígena tan marcada, sus harapos raros. No hacían juego con sus palabras. Decidió llevarlo de pura curiosidad. Mejor acompañado de este cholo raro que solitario, pensó el chofer.  

El conductor, originario de Chincha, cuna de grandes deportistas morenos, observaba curioso al indio con traje de Hare Krisna, cabellera a la cintura amarrada a la mitad, chancletas. Un hippie sacado de los revoltosos años sesenta.
Así que tú eres Atahualpa, ¿no?, dijo el negro gigante con una vocecita impropia para semejante humanidad.  
El noble inca, con marcado acento sevillano y voz estentórea, respondió.
Hombre, seguro no me vais a creer, pero llegando a Pultumarca os prometo por la sangre noble que corre en mis venas que te recompensaré con un poco del oro que tengo escondido.
El moreno movió la cabeza de un lado a otro, y dijo:
Mira cholo, con que me des cien lucas me doy por satisfecho.

El cacique era muy curioso, como un niño observaba todo por la ventana. En medio del silencio, preguntó con total inocencia:
¿Cuándo los negros dejaron de ser esclavos?
Oe Choledo, no te metas con la familia que te tiro por la ventana.
Entendió que esa pregunta había incomodado al chofer sin saber los motivos reales, decidió cambiar de tema:
Entonces, ¿Cuándo mis hijos lograron su libertad?
Serrano e´ mierda, ¿en verdad te crees Atahualpa?
Soy Atahualpa.
¿Entonces porque eres misio? Si fueras Atahualpa me comprarías mi camión y todo el cemento.

Pues, acabo de llegar…
¿Llegar de dónde?, ¿Del cementerio? Y soltó una risita cachacienta. El chofer se venía divirtiendo con su extraño pasajero.  

Se quedó callado un buen rato. Atravesaron toda la costa hasta Chiclayo, cenaron en Pimentel y llegaron a Piura de medianoche.  Durmieron en el camión un buen rato. A las 6 am. partieron hacia Cajamarca. Entrando a Pultumarca, reconoció una montaña y un riachuelo seco.  Comprendió que no era temporada de lluvias y el tapado estaría a la vista. Pidió que detenga el camión a unos 3 kilómetros del río principal.
¡Allí es!
Mas te vale cholito, quiero mis cien lucas, sino te meto al agua calatito.    

Llevaban andando media hora. Jadeante, el flojo moreno avanzaba a regañadientes, Llegaron a un cruce donde el río se dividía en dos formando una pequeña isla. Empezaron a excavar febrilmente, el inca con las manos, el moreno con una lampa. Tras un breve lapso de faena, la lampa emitió un sonido seco, metálico. De la nada, apareció un pequeño brillo amarillento sobre la tierra, lo limpiaron y refulgió con el sol. La adrenalina hizo el resto. El moreno metió tres fuertes lampazos, palanqueó con el pie, y la tierra escupió una hermosa cabeza de oro macizo.

Los ojos blanquísimos se le salieron de sus órbitas. Al borde de la histeria, el zambo chilló con su voz de pajarito:
¡Cholo e´ mierda! ¿cómo carajo sabías? ¡Somos millonarios! Se arrodilló, miró al cielo abrazando el ídolo, se persignó solemne y continuó vociferando más obscenidades.
Sigue excavando, todavía hay más.
¡Qué chucha estas diciendo cholo conchetumare!

Hallaron dos cabezas más.  Fueron traídas de Cusco para pagar el rescate, mas nunca fueron entregadas al creer que el monarca había sido asesinado. Sus súbditos le dieron señales de su ubicación.  El noble estaba al tanto de todos los tapaditos, lugares donde escondieron el oro del rescate.

Fiel a su promesa y la ley de la reciprocidad andina, prometió darle una cabeza luego de cambiar esos ídolos por dinero. El moreno tenía contactos huaqueros y contrabandistas de arte prehispánico. Un coleccionista americano afincado en Cajamarca, no dudó un instante en adquirirlas. La balanza del joyero indicó 25 kilos, ley 24K. El moreno actúo de testaferro, abrió dos cuentas en el BCP. No entregó nada hasta asegurarse que el total del dinero fuese cancelado.  La transferencia se hizo desde el Bank of América de New York. Un millón doscientos mil dólares por cada una.

Atahualpa preguntó al moreno, delante del gerente del Banco:
¿Alcanzará para regresar a Lima y comprar un auto?

Desde el aire veían alejarse la ciudad de Cajamarca. Mauro había conseguido un DNI y pasaporte falsos. Atahualpa Baylón Mina. Los hermanos regresaban vistiendo ternos Armani y zapatos italianos. El cacique estaba incomodísimo con esos zapatos apretados, pero se acordaba del refrán español y aguantaba. Mauro, el moreno, se estiraba cuán larga y fornida humanidad tenía y pedía tragos cada cinco minutos. Nació una amistad sincera, inseparable. Le hizo saber sus intenciones de volver a unificar el Tawantinsuyu y recuperar su corona. El moreno preguntó:
Yo puedo ser tu vicepresidente.
¿Qué es eso?
Si te pasa algo, yo mismo soy.

Mauro bromeaba todo el tiempo. Con la fortuna, su chispa y desvergüenza se agudizaron a extremos hilarantes, por el contrario, su hermano raras veces sonreía. Siempre hablaba de su pueblo, su gente, sus dioses, los tibetanos. No le era difícil asimilar el brusco cambio de vida, pero si la verdadera identidad del indígena que lo convirtió en millonario. No sabía que pensar. En realidad, era la reencarnación de Atahualpa o un desquiciado con mucha suerte.

Compraron una oficina de 100 m2 en el 396 de la Av. Arequipa, un televisor de 60”, mesas, sillas y dos laptops. En su clásico estilo, Mauro comento:
Si quieres recuperar tus plumas, hay que formar un partido, postular a presidente y vencer a esa china mafiosa.

Faltaban tres años para las elecciones.  Mauro empezó a convencerse que el indio parecía venir de otro mundo. Su sabiduría e inteligencia lo hipnotizaba.  Aprendió a conducir, las normas de tránsito, el valor del dinero. Aconsejado, abrió varias cuentas en dólares para evitar que los hackers, o el propio Banco, le roben todo su dinero. Sin embargo, el gran maestro que lo instruyó en los problemas del Perú, las vicisitudes políticas, las guerras y sus héroes, historias tergiversadas de la II Guerra Mundial y del cuarto del rescate, fue la maravilla del Internet.

El monarca prefería vivir en su oficina. Se acostaba cuando oscurecía y levantaba al alba. Almorzaba menú de 10 soles. Se divertía leyendo el Trome, aunque también leía La República y El Comercio digitalmente.  Mientras, Mauro se amanecía en los casinos. Invitaba amigos y chicas que antes ni reparaban en él por ser pobre. Viajó a Chincha en un BMW convertible, color rojo. La familia entera lo rechazó por petulante. Todos empezaron a pedirle dinero prestado para poner negocios, bajo promesa de devolución. Al final se quedó sin amigos ni familia. Regresó a Lima, compro un departamento en Lince, cercano a la oficina, y se puso a disposición del hermano indígena como su secretario.  

Luego de discutirlo, quedaron en contactar a Verónica Mendoza, la candidata cusqueña. Le comentaron que tenían tres millones de dólares para apoyar su campaña. Verónica encantada aceptó sin preguntar la procedencia del dinero. La condición era que Atahualpa debía ser vicepresidente y Mauro un asesor de confianza. Ella mostró mucha reticencia, arguyendo que militantes antiguos esperaban por esa oportunidad.

Entonces formaremos nuestro propio partido, dijo el moreno.
Nadie los conoce, no ganarán nada, perderán tres millones de dólares.
Acá el hombre tiene más plata que Atahualpa, dijo Mauro muy suelto de huesos.
Yo soy Atahualpa, intervino el cacique.

Ella había observado con curiosidad las facciones del indio y su peculiar modo de hablar. Le preguntó intrigada:
¿Usted es descendiente de los Hanan Cusco, porque habla cómo español?
Así es señora, mi padre fue Huayna Cápac. El capitán Pizarro hizo creer a todos, arriesgando su vida y la de sus compañeros, que fui ahorcado, pero me envió a España. Allí aprendí todo sobre el mundo occidental, oriental y tibetano. Vengo del pasado porque el Dalai Lama y la Pachamama del Wakaypata lo decidieron. Luego de quinientos años el Tawantinsuyu debe resucitar sobre la ideología que los wiraquchas trajeron.  Fui elegido para esa misión.
¡Es cierto Vero!, yo también creí que este cholo estaba reloco, pero ¡es Atahualpa!, chilló Mauro, con su voz de canario afónico.  

Verónica se despidió y nunca más la volvieron a ver. Entendieron que el único camino viable era formar su propio partido y así lo hicieron. Ninguno tenía idea como empezar. Fueron al ONPE a indagar y los recibió un funcionario entrado en años, miraflorino en desgracia, medio pelado. Miró de reojo al indio y al zambo, sin levantar la cabeza, dijo despectivo:
Hoy no atiendo provincias, vengan mañana.
Oe´ viejo conche tu madre, me atiendes ahorita o te arranco los pocos pelos que te quedan, espetó furioso Mauro, que medía 1.85mts. y tenía pinta de boxeador.

Recabaron los formularios, faltaba el nombre del partido, cientos de exigencias absurdas y 100,000 firmas originales. Empezó a indagar la historia de cómo Alberto Fujimori derrotó a Mario Vargas Llosa. Contactó los medios de comunicación, las encuestadoras, periodistas independientes y se llevó la primera sorpresa. Recordó el mundo de su salvador y amigo. Cinco siglos habían pasado y todo seguía moviéndose alrededor del deseo de acumular riquezas en cuentas que otros manejaban. Descubrió que podía comprar encuestas que lo favorezcan, artículos en periódicos que daban cuenta del nuevo outsider, hacer creer de él como un salvador, un hombre bondadoso y caritativo, tanto en Facebook, Twitter e Instagram mediante terceros contratados. Un mundo de engaños. Hacían creer al pueblo, sumido en la ignorancia, que el nuevo Dios era elegido por mayoría de votos, cuando en realidad, todo estaba manipulado desde dentro y fuera del país. Los candidatos fingían ser enemigos, pero negociaban entre sí favores, ministerios, tierras, leyes congresales, en caso gane cualquiera de ellos. El Estado en pocas palabras, era un botín en manos de sátrapas para su propio beneficio.

Compró un camión descubierto, el Cholomóvil, dos megáfonos inmensos de 400W, Mauro de chofer y música vernácula. Empezó a recorrer todo Lima empezando por los conos, las zonas más deprimidas, los cerros de Huaycán. Se vistió como Inca. Atuendo multicolor, sin joyas, la Mascaypacha en la testa, el báculo del poder. Tenía porte gallardo, era alto y blanco, pero de facciones netamente indígenas. Mirada de águila, agudeza mental, una portentosa voz. Atahualpa lo tenía todo para llamar la atención.

Al inicio, todo Lima se burlaba al verlo disfrazado de Inca. Los políticos de profesión, socarrones, lanzaban sus mejores dardos: el Quijote cholo con su negro Sancho, del chinito al cholito, etc. Sin embargo, la persistencia andina dio sus frutos. Una radio chicha, esas que transmiten banalidades del espectáculo y chismes futboleros, pero de alto rating en los sectores populares, les envió una invitación.
Anunciado como el candidato del Ande, el cholo power, ambos fueron formalmente vestidos y optimistas. No imaginaban que los animadores se dedicarían a hacer burla y escarnio de ellos. El entrevistador empezó diciendo:  
¿Y quién es el San Borja?, aludiendo al moreno, zambo en jerga.
Soy su hermano, se adelantó Mauro.
Risas en toda la radio, porque no había ningún parecido físico entre ambos.
O sea, un cholo y un zambo pretender gobernar el Perú, dijo el prejuicioso animador.
Yo soy el candidato. Mauro es mi asistente.
¿Saben bailar huayno, festejo, o son pura finta? dijo burlón otro entrevistador, ante las risas de hiena de sus técnicos.  
La paciencia se le agotaba a Mauro, explosivo de carácter, pero el cacique con inteligencia sobrellevó la chacota.
Para ser un buen presidente, no se necesita danzar, sólo gobernar con justicia y honradez. Ustedes, para ser escuchados ¿necesitan traer invitados para someterlos a preguntas estúpidas?
Se hizo un silencio. Se miraron desconcertados, se hicieron bromas entre ellos y volvieron a la carga:

Dígame señor indígena, cree usted estar capacitado para ser presidente de un país, ¿Qué experiencia de gobierno tiene, acabó Ud. la primaria?
Mis ancestros directos provienen del primer Inca Manco Qhapac.  Antes de él hubo miles de caciques que dominaron estas tierras por costa, sierra y selva con paz, igualdad y justicia. Nuestras civilizaciones autóctonas se remontan a cinco mil años de antiguedad. La República cómo tal, no tiene ni doscientos años. Esta tan corrompida, manipulada y vejada en nombre de una falsedad llamada democracia, que ustedes necesitan hacer burla pública de los verdaderos dueños de la tierra, para que los anunciantes les financien y tengan un pan que llevar a sus familias. No existe respeto entre las personas. Ese es el principal problema.

Subiendo cada vez más el tono de voz, Atahualpa remató:  

Barreré el piso con todos los prejuicios y discriminaciones, males que nos dividen. Instauraré un nuevo sistema económico y ético que devolverá la dignidad a todos, a mis hijos del Ande, los pueblos de la Selva, la gente migrante y todo aquel que crea que merecemos algo mejor.  Basta de la misma clase política que miente y roba. Han fracasado todas las veces que ha sido gobierno, derecha, izquierda o centro, todos han fracasado…

Fue interrumpido porque la idea no era escucharlo, sino hacer chacota para satisfacción de sus oyentes. Y el indio les estaba dando una lección. La entrevista acabó abruptamente ante la cantidad de llamadas apoyando la defensa del cacique. No contaba la radio que su público eran migrantes andinos en su mayoría que se creían limeños, criollos. Lograron identificarse con su raza, el   hablar andino del noble inca, arrastraba sílabas del quechua norteño con ese curioso acento español. Una fonética única y particular. La entrevista solo duró tres minutos, suficiente para que muchos oyentes comentaran en sus trabajos, casas y reuniones la originalidad del candidato indígena.

Tres meses después, todas las radios lo querían en sus programas. Lo invitaban, pero había que pagar. Las pagó todas. La pareja interracial dejó el Cholomóvil.  Abrieron cuentas en Facebook, Twitter e Instagram. Colocaron avisos pagados en internet, televisión, radios y periódicos. Una mañana mientras desayunaban, Mónica Delta, en su horario estelar de las 9 pm. les envió la gran invitación.

El outsider del Ande, la reencarnación de Manco Cápac, el hijo bastardo del Sol.  La prensa lo llenó de adjetivos prejuiciosos. Sencillo pero elegante, el noble vestía con chaqueta y pantalón de lana de alpaca. Una cinta multicolor atravesaba la chaqueta. Inmutables ante la parafernalia del set de televisión, el cacique y Mauro conversaban animadamente previa la transmisión. El moreno le preguntó a la Delta, con ese finísimo timbre de voz, a qué hora empezaba la función. La risa fue general. Los asesores habían aconsejado sacar a Mauro, pero el noble inca se oponía tajantemente. Eran el contraste total, lo sabía bien Atahualpa.  No le importaba que la intelectualidad criticara su chabacanería. Aprovechaba su sincera amistad interracial para ganar puntos entre las minorías andinas y afroperuanas, enfrentadas por historia, pero que ahora conjugaban de manera armónica.
Inició la presentadora el diálogo, sin ocultar sus intenciones, Vale decir, las del dueño del canal, pagado por otros partidos para tratar de desprestigiarlo:

Es usted un fenómeno de masas Sr. Atahualpa, está en todos los diarios como una curiosidad antropológica.  ¿Qué opina de su repentino ascenso, cuánto cree que le dure?

Sin poder disimular del todo su acento sevillano, respondió.
Copié algunas tácticas de Alberto Fujimori, con la diferencia que yo no sé mentir. Viajé en mi Cholomóvil por lugares donde nadie va. Una radio me invitó para burlarse de nosotros, -miró a Mauro que sonreía con todos sus dientes-, pero los burlados fueron ellos. Muchas radios me invitaron, pero había que pagar, y pagué. Muchos diarios querían portadas y entrevistas exclusivas, también querían cobrar, igual les pagué. Ud. es la única que no me ha puesto precio.  Asumo que otro estará pagando, respondió muy seguro de sus palabras.

Devolvió brillantemente el adjetivo de antropológico y la burla de su durabilidad.  Continuó la Sra. Delta.

No Sr. Atahualpa, la independencia es la base del periodismo y en este canal no nos casamos con nadie. Dice Ud. que su árbol genealógico incluye a Huayna Cápac.  ¿Cómo podemos cerciorar esa aseveración, qué grado de educación ha llegado y porque habla cómo español? Ud. debería odiarlos!, pregunto la Delta sin esconder su fastidio.
En primer lugar, convivo con la ancestral ley de la reciprocidad andina. Es lo que hizo grande al Tawantinsuyu. No podría odiar al capitán Pizarro ni sus compañeros.  El destino está escrito. La masacre de mi pueblo fue la reciprocidad a las masacres que hicimos para expandir nuestra gran nación Inca. El karma y el tiempo son inexorables. Nunca faltará el dominador y los dominados, ¿Acaso Estados Unidos no lo hace con todos los países de la ONU? Yo no estudié en una universidad, no tengo títulos académicos. ¿Acaso Bill Gates o Steve Jobs los tenían?, para que me serviría, si como el Sr. Toledo, el Sr. García, el mismo PPK, con eso van a traicionar el país que gobiernan. Yo viajé por todo Europa, la India y viví cinco años con el Dalai Lama. Tener títulos está bien, pero sin honradez, laboriosidad, decencia y reciprocidad, esos títulos cobran un doble peligro. Dígame Ud. la masa popular obligada a votar bajo pena de multa, ¿Tienen todos títulos universitarios? Si así fuera, es probable que no hubiesen elegido a Alan García, menos a un militar sin carácter como presidente.  La educación superior no es para aprender un oficio o una carrera, ganar dinero y punto. Es para aprender a tener un pensamiento crítico, opinión, no dejarse manipular. Yo lo aprendí en la vida. Mis abuelos son todos Incas, no tengo como demostrarlo con papeles. La única forma que puedo, es devolviéndoles a todos nuestros descendientes que viven en las alturas, su dignidad, el orgullo de ser inca. Darles una vida como la que tenían antes, en paz, con trabajo y comida. No son muchas cosas, pero serán suficientes. Esto es también para todos quienes se unan al nuevo pensamiento de la unión y el compañerismo. Vagos, ociosos, ególatras y sinvergüenzas no quiero…

Boquiabierta y sorprendida, interrumpió de pronto con el consabido:   vamos a comerciales. Extrañamente, como en la primera entrevista radial, la señal no volvió por supuestos desperfectos técnicos. Sin embargo, se había retransmitido por cable a los canales hispanos de USA. Mediante Internet, lo vieron peruanos en China, Australia, Japón y en muchísimos países del mundo. Atahualpa fue un suceso sin precedentes por su cruda franqueza, la lucidez de su pensamiento, sus ideas socialistas y su deseo de reinstaurar un Tawantinsuyu moderno.

La BBC puso un titular al día siguiente: “La descontaminación de la política en el Perú”. El New York Times hizo hincapié en los orígenes del candidato y el valor de enfrentar en solitario a toda la clase política corrupta y aburguesada.  Los países europeos sajones y capitalistas, que tienen un concepto muy folclórico de los países sudamericanos, resaltaban el acento español del aborigen educado en el viejo continente. No daban crédito al deseo utópico de querer reinstaurar el Tawantinsuyu en pleno Siglo XXI. La Francia de Emmanuel Macron mostró su mejor deseo y apoyo económico. Que un descendiente indígena, pueda acceder a comandar el país más rico y milenario de las Américas, para la bucólica y socialista Francia, era un orgullo ajeno.

A nivel local, las encuestadoras comenzaron a rondar la pequeña oficina de la Av. Arequipa, esperando ser contratadas para amañar los resultados. Verónica Mendoza llamó y propuso una alianza, ya no quería apoyo económico. Todos los minúsculos partidos izquierdistas, siempre divididos por la repartición de la torta antes de cantar el cumpleaños, se agolpaban en la puerta. Mauro, nombrado jefe de seguridad, no se abastecía para evitar la avalancha de advenedizos. Organizó una guardia especial de resguardo, trajo cinco negros gigantescos de Chincha. La vida cambió radicalmente para ellos.  Al cacique nunca se le subieron los humos, ni perdió ecuanimidad. Conocía sus talentos y los utilizaba para encandilar a una ciudadanía que ya le daba el 40% de la intención de voto, sin siquiera conocer su plan de gobierno.

A seis meses de las elecciones presidenciales, su partido “Tawantinsuyu’’ frisaba las 500,000 adhesiones. Desesperados, Alan García hizo de San Martín de Porres. Reunió a perro, pericote y gato en una misma mesa para urdir un boicot. Tuvo la pésima idea de convocarlos a las 7 am. Mercedes Aráoz sin maquillaje parecía una drogadicta con síndrome de abstinencia. Al costado, Keiko y su hermano, rejuntados de mala gana, parecían actores de teatro kabuki. Pálidos, ojerosos, con caras de demonio. Julio Guzmán y sus clásicos tics.  No paraba de hablar en voz alta para hacerse notar. Alfredo Barrenechea, siempre distante, arisco y malhumorado, miraba a Guzmán como a un insecto. César Acuña se cambió de lugar para sentarse al costado de la siempre bella Verónica Mendoza. De inmediato le preguntó por su número de celular, la contactó en Facebook, WhatsApp y le ofreció la cátedra de un curso inexistente. Pedro Pablo Kuczynski ya había sido vacado. Alejandro Toledo, Humala y Susana Villarán seguían presos. Se levantó el voluminoso Alan García, con voz ronca y arrastrando las palabras:

Vamos al grano señores, sugerencias para eliminar al indio apestoso. No podemos repetir el ardid que inventamos para sacar a Guzmán. Los jueces ya no están bajo mi control, sorry Julio.

Guzmán se quedó mudo por primera vez en su vida. No podía reclamar ni acusar a García, terminaría preso o muerto. Verónica, siempre bella como traidora, informó haber buscado la partida de nacimiento en Cusco y no existía. Tenía la sospecha que no era peruano sino ecuatoriano. Acuña, con su elocuencia para dispararse a los pies, dijo muy ofendido que el indio podía haber plagiado una partida de nacimiento, pero que él podía conseguir otra que diga que el indígena nació en España. Un vanidoso Alfredo Barnechea se levantó furioso:
¡Basta señores! Parecemos ratas asustadas, pongamos el pecho.  A mi ningún indio me va a pisar el poncho. Retémosle a un debate público. Ese pobre cholo demagogo sembrador de papas, seguro no ha leído un puto libro en su vida. Yo lo devuelvo a la chacra donde pertenece.
Keiko y Kenji no estuvieron muy de acuerdo, conscientes que su nivel intelectual y oratorio tampoco era cómo para salir en hombros por la puerta grande. Un García ya veterano, sin la lucidez para el mal como antaño, preguntó:
¿Cuántos cholos mueren en accidentes de tránsito al año?

La propuesta fue rechazada por unanimidad. Barnechea se acercó bastante a Verónica Mendoza para susurrarle al oído:
¿Este panzón ya se cree Vito Corleone?, provocando en la cusqueña una cándida y angelical sonrisa.
Sin embargo, su real intención era mirarle sus bellos senos, naturales, bien formados.  Sin poder contener su lascivia, deslizó una mano entre las piernas de la provinciana. Quedó en shock, paralizada, mordiéndose los labios. Volteó furiosa para increpar al descarado, pero se arrepintió por temor al ridículo. Cabeza gacha, sonreía disimuladamente.

Acabó la reunión con un borrador de acciones y propuestas. El amorfo líder aprista leyó la resolución.  Acusarían al indígena y su asistente de lavado de dinero. Estaban convencidos que no tenían forma de demostrar la procedencia legal de tres millones y medio de dólares. Obviamente el Banco de Crédito, empresa de unos de los grupos empresariales dueños del Perú, no aceptaría un indio socialista como presidente. Rompió su secreto bancario sin mayor empacho.

Ante la escasez de gente preparada, contrató secretamente a Price Waterhouse para el suministro de profesionales competentes. El dueño de la consultora americana, director del Credicorp, allegado republicano de Donald Trump, informó de inmediato a su amigo Dionisio Romero Jr. sobre la falencia de cuadros técnicos del candidato inca. Acordaron suminístrales profesionales vinculados a los grupos de poder, así tendrían el control como siempre.  Sin embargo, Atahualpa previsor, se reservó el derecho de pasar la entrevista final.

Mauro publicó avisos para cargos de congresistas, ministros, viceministro, gerentes, etc. en Facebook, LinkedIn e Instagram, causando un alboroto descomunal. No tardaron en llegar acérrimas críticas. Sin embargo, la idea les pareció genial a muchos políticos honrados, como Luis Bedoya y Yonhy Lescano, crítico incansable de los fraudes sobre formación académica de congresistas, alcaldes y ministros de Fuerza Popular. La idea prosperó. Peruanos altamente calificados provenientes de los más alejados países del mundo, enviaron sus hojas de vida. La entrevista final podía ser en directo, en video conferencia o les pagaba los pasajes. No se escatimaba gastos ni esfuerzos en elegir las personas idóneas.
Un caso típico de entrevista, se iniciaba de la siguiente forma:  
Estoy a punto de confiar en ti como un hijo, un hermano. Esto no es un trabajo, es una familia, un ayllu. No importa el sueldo. Puedo pagarte lo que quieras, quince mil, treinta mil. Pero si ganaras cinco mil, como ministro o un simple técnico, tu labor siempre debe ser hecha con la misma pasión y amor. Nunca hagas las cosas en función al dinero que percibes. Se hace porque te agrada tu trabajo, porque tienes voluntad indesmayable. Nunca me mientas ni te corrompas, es lo peor que podrías hacerme, te castigaré sin misericordia si me traicionas. Trabaja por los millones de pobres que viven en chozas y campos, abandonados a su suerte, sin luz, agua ni servicios de nada. Si haces bien tu labor, nunca te irás de mi corazón, seremos familia por toda la vida. Si has venido de tan lejos, es porque crees en mi palabra.  ¿Estás preparado para ayudarnos a crear un nuevo país?

Recomendados de la consultora internacional, topos espías, ante la advertencia del terrible castigo por corrupción, ninguno aceptó. Los millenials, juventudes profesionales con MBA y doctorados en el extranjero, sin sobrepasar los 35 años, aceptaban de inmediato sin preguntar salario. Ellos mismos se consideran el new age renovador que cambiará el mundo. Chicas profesionales muy calificadas, aunque sin mayor experiencia venían en minifaldas de infarto.  Otros inseguros, traían padrinos influyentes en la banca y comercio. Los clásicos burócratas traían tarjetas de recomendación de algún político o congresista. Con ellos el Inca ni se molestó en iniciar el discurso de inducción.

Faltando dos meses, la patraña del lavado de dinero no sólo no prosperó, sino que tuvo un efecto indirecto a favor de las comunidades indígenas. Un bufete internacional de abogados, historiadores y arqueólogos, contratados por Atahualpa, logró demostrar ante la Corte Internacional de la Haya que el origen y propiedad legal de las cabezas de oro, restos arqueológicos y ambientes considerados sagrados por las culturas autóctonas, no deberían ser usufructuadas ni pertenecer al Estado Peruano sino a los descendientes de esas comunidades. La razón esgrimida fue la no existencia legal del Perú como país en el Siglo XVI. Solo existía el Tawantinsuyu que reunía 4,500 años de asentamientos y civilizaciones conquistadas. El argumento ético fue demoledor y decisivo:  Perú, siendo una república con solo 200 años de edad, nunca se interesó, ni visitó jamás esas comunidades de altura. Esos pueblos andinos seguían viviendo como hace 500 años, sin república, sin gobernantes ni nadie que vele por ellos. En un fallo histórico, la Corte Internacional devolvió simbólicamente al Tawantinsuyu su condición de nación soberana, por antigüedad, grado de organización e historia y declaró la zona de Pultumarca, como el primer territorio inca. Una especie de reservación, con todos sus derechos como nación. Por tanto, los ídolos hallados pertenecían a los descendientes del último Inca Atahualpa.

España terció por apropiárselos, arguyendo que legalmente toda Sudamérica, con excepción de Brasil, fue Virreinato español, haciendo el ridículo internacional.  

Desairada la presidenta interina Mercedes Aráoz, por vacancia del anciano presidente y renuncia obligada del primer vicepresidente, ordenó a los Ministerios de Cultura y Justicia abrir un juicio penal a los hermanos por comercialización indebida de tesoros prehispánicos y salida del país. Al ser una noticia mundial, el BCP por mandato judicial fue obligado a dar el nombre del coleccionista norteamericano.  Atrapado ante las evidencias, se declaró culpable de transacciones millonarias ilegales por utilizar el Bank of América como intermediario financiero. Compra prohibida según las leyes americanas. No tuvo más remedio que devolver las piezas de oro al Estado Peruano. Atahualpa no devolvió el dinero porque no había cometido ningún delito.

Con 52.45% de los votos, el último Inca viviente fue electo presidente del Perú, sin necesidad de segunda vuelta. Millones de peruanos, desperdigados por todos los rincones del planeta, celebraron alborozados los nuevos vientos en política. La prensa extranjera se multiplicó por miles. Se vivía un estado de shock, expectante y esperanzador. Solo comparable a la captura de Abimael Guzmán y el final del terrorismo.  El círculo del destino de los monjes budistas se había cerrado y análogamente, tras 500 años de espera, el mito del Inkarri dejó de ser una leyenda.

Frente a las cámaras del canal de Estado, flanqueado por   Mauro y sus ministros jovencísimos, lucía con la tranquilidad que ofrece la paz interior.  En su hablar andino, sencillo, con menos acento español que antes, Atahualpa inició su primer discurso:  

En la vida hay que ser justos y nobles. Fuimos conquistados a pólvora y sangre. Por largos cinco siglos mi pueblo desapareció porque así estaba escrito. La historia, sin embargo, ha juzgado mal al capitán Francisco Pizarro y España. Mis antepasados guardaron por siglos un gran secreto porque creímos siempre en la leyenda del Inkarri. Mi ancestro Atahualpa no murió en Cajamarca. Pizarro engaño a su Rey.  Fue liberado y secretamente enviado a España con un solo propósito, aprender de los otros mundos. Cuando estuviese preparado, debía volver y reunificar ambos universos: el Tawantinsuyu y la cultura occidental.

Esa misión se trasladó a distintas reencarnaciones y finalmente se me encomendó a mí. Soy la última reencarnación del propio Atahualpa.

La verdadera imagen del pueblo español, no es del asesino de miles de indígenas explotados. Todos los soldados obedecemos órdenes. El verdadero culpable es la excesiva ambición por oro y plata. El mal del ayer, es hoy la bandera de Estados Unidos.  El insaciable consumidor capitalista, capaz de mentir, asesinar y coludir por dinero. ¿Quién juzga al dueño de las conciencias corruptas y de la ONU? Los ejércitos de mis ancestros también eliminaron centenas de miles de runas rebeldes por no querer asimilarse y tributar al Imperio, pero las conquistas son diferentes a las guerras. Unas son por honor y orgullo, las otras por odio y venganza. El karma existe señores. Le ocurrió al Tawantinsuyu, ya paso con Alemania, le tocará pronto a Estados Unidos.  

El inicio de su gobierno dejó estupefacto e incrédulo a todo el planeta. Hablar de la reencarnación en un país hipócritamente católico, criticar al poderoso Estados Unidos, provocó pensamientos alarmistas.

Prosiguió el mandatario:  
Como el kintu, las wakas, nuestras creencias en las tres vidas.  La cosmovisión andina sintetiza el mundo en tres niveles. Voy a mencionar las propuestas para la reconstrucción de un nuevo Perú, de tres en tres cada tres meses:
Primero.  Lima está muriendo. Son 10 millones de personas compartiendo un espacio reducido. Ricos, clase media, pobres y miserables se auto segregan. Las calles son inseguras, el stress mata. El aire, el mar y los ríos están contaminados. El transporte público y privado no da más. El tráfico es la peor aberración que haya visto en mi vida. La muerte ronda en cada autopista y carretera del Perú. Acabaré con ese problema de forma radical.

La capital administrativa del Perú se mudará al centro de gravedad de la Cordillera de los Andes, la hermosa ciudad de Jauja.
Segundo. Jauja como nueva capital, requiere entrelazarse con todo el Perú. Rescataré la maravillosa ruta de mis ancestros, el Qhapac Ñam. Volverá a enlazar vía terrestre todas ciudades y pueblos del Ande.
Tercero, construiré un aeropuerto internacional en Jauja, de igual magnitud que el Jorge Chávez.

Al día siguiente, la pregunta de todos los especialistas era: Cómo piensa hacer esas obras multimillonarias en cinco años y sin la mano de obra que existía en el Tawantinsuyu. El pueblo por las calles decía:

El indio se ha webeao, cree que estamos en el siglo XV.     

El nuevo líder y sus jóvenes técnicos, pragmáticos a ultranza, modificaron muchas normas y leyes absurdas cuya única intencionalidad era favorecer a sectores de la construcción, políticos y funcionarios corruptos.  
Sometió a un concurso internacional multifuncional para la nueva capital que suscitó la convocatoria de los mejores arquitectos, economistas y artistas del mundo. El éxito fue total. Sir Norman Foster y un grupo de especialistas de Cambridge ganaron el concurso. Entregaron en un año un Expediente completo, traducido y adecuado para licitar de inmediato a nivel internacional. Se modificó la Ley de Contratación del Estado para destrabar la excesiva demora de todos los procesos. Se canceló a   Proinversión, el ente que amañaba y sobrevaloraba las obras públicas. Se instauró la pena de muerte para los políticos corruptos, violadores y criminales sin remedio. Los problemas legales de propiedad del terreno, ahora sin traficantes ni especuladores temerosos, fueron resueltos por la nueva Sunarp en meses. Se tardó sólo 18 meses en darle el soplo de vida inicial a la nueva Capital. La belleza del lugar andino, la magnífica arquitectura adaptada al medio, captaron la atención mundial por ser la primera ciudad planificada en el Perú. Finalmente, se logró lo impensado. El éxodo de cientos de miles de limeños descongestionó el caótico tráfico, el hacinamiento y tugurización de los cerros aledaños, Volvió la tranquilidad de vivir en una ciudad segura, sin excesiva densidad poblacional. La delincuencia y el stress bajaron a niveles ínfimos. Fue el primer gran éxito.

La revalorización del Qhapac Ñam, fue su segundo gran éxito. Modificó la ley de las Fuerzas Armadas, permitiendo el ingreso de 60,000 nuevos infantes de ingeniería y tropa, dedicados en exclusiva a diseñar, construir y supervisar las carreteras del Perú. La Escuela Militar de Chorrillos con el apoyo de la Universidad Nacional de Ingeniería y el Ministerio de Cultura, prepararon los cuadros profesionales y técnicos. Con una fuerza laboral gigantesca de gran calidad técnica, la restauración de los Caminos del Inca, patrimonio de la humanidad, como el Qhapac Ñam, fue posible en un año, a un costo imposible de competir por la entidad privada. Los Colegios de Ingenieros y Arquitectos, enmudecieron por completo. Preparó una nueva Ley que anulaba los pagos mensuales de todos los colegiados, obligando al cierre y el paso de dichos Colegios al sector público. Con dos aciertos sin parangón en la historia republicana, nadie dudó de la propuesta del aeropuerto.   

El 28 de julio del 2022, en el mensaje patrio, el noble rescató del olvido a tres personas. A dos de ellas nunca conoció: el escritor andahuaylino José María Arguedas y al sabio italiano Antonio Raymondi. Valoró su amor incondicional por esta tierra bendita, el Perú. Aseveró haberse inspirado en la fuerza cósmica de sus obras para conjugar los dos universos.   
Del tercero, restauró la imagen incomprendida y el monumento retirado por Eliane Karp. Francisco Pizarro volvió a la Plaza de Armas.

Atahualpa, el inca que volvió del pasado para redimir una nación perdida. El agnóstico que se volvió creyente a fuerza de vivir en carne propia las fuerzas sobrenaturales que nos gobiernan. El sabio indígena que filosofaba en su prisión sobre los indescifrables caminos del destino, se volvió hacia la multitud vociferante en la Av. Brasil y finalmente arengó:

Todos tenemos un destino trazado. Infinitos caminos nos han de conducir al mismo lugar. Podemos aceptarlo, eludirlo o rebelarnos. El resultado no cambiará, excepto se tenga una fuerza de voluntad inquebrantable. Fe en sí mismo. Creer firmemente que podemos modificarlo no una, mil veces si es un destino fatal. No será quizás en este mundo, en esta vida, en este tiempo, pero lo será de todas maneras.  Nadie se va sin cumplir su destino.