Autor: Guillermo Arturo Davies Oré

El tren de las 7 pasó puntual, como siempre.  Subió al vagón y tomó asiento. Sacó su celular y se puso a revisar los correos del trabajo.  Su traje era impecable, de excelente corte. La tela de alpaca tenía una caída inigualable. Revisó los pedidos.  Aprobó por correo los últimos envíos. Vio por la ventanilla el reloj del Parque Universitario. A pequeña escala le recordó al Big Ben. Sonrió.  No todos sabían que “Big Ben” no era el nombre del reloj, sino de la campana. Llegó a su oficina en el centro, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno.  17 minutos, desde La Molina hasta el centro de Lima. Como todos los días. No valía la pena ir en auto, tener una estación del tren a 5 minutos caminando de casa era una bendición.  El servicio era puntual, moderno, limpio, seguro. Funcionaba a la perfección. “Como un telar” pensó.

Su empresa se dedicaba a exportar tela de alpaca al Reino Unido.  La tela era de una calidad excepcional. Las leyes no permitían la exportación de camélidos fuera del país, así que todo aquel que quisiera tela o fibra de alpaca o vicuña tenía que comprarla al Perú o a algunos otros países de Sudamérica, pero la peruana era, de lejos, la mejor.  Los telares ingleses eran veloces y de gran calidad, y le daban a la tela ese aspecto especial, ese acabado único. Como buen ingeniero él les había realizado algunas mejoras, incluso habían diseñado varios equipos propios en la fábrica, que lucían orgullosos la leyenda “Made in Peru” en el frente, en letras rojas sobre fondo blanco.  Esa sería la próxima expansión: fabricaría máquinas textiles para exportarlas al mundo. Ya habían empezado las negociaciones. La educación en el país era de primera, así que se disponía de excelentes ingenieros, técnicos y operarios para montar la planta.
Contestó una llamada.  Era su socio en Inglaterra. Estaba veraneando en Whitstable, pero igual seguía pendiente de los negocios. Le respondió en perfecto inglés con un ligero acento británico.   Luego fue a la planta a revisar algunas cosas, los fardos que enviarían la próxima semana. Llamó a su contacto en Buenos Aires, con quien habló unos minutos en un correcto español.  Perú tenía el mejor español de Sudamérica, era bien sabido, y eso que era un país totalmente bilingüe. Toda la población hablaba inglés y español a la perfección. El “Spanglish” era mal visto, era “cosa de gringos”.  A nadie con un mínimo de educación se le ocurría intercambiar palabras de un idioma al otro, o menos aún deformarlas. Y en el centro del país, el Quechua mantenía su vigor y su esplendor. Era la tercera lengua oficial, respetada como un legado de los tiempos antiguos.
Atravesó la planta rumbo a su oficina.  Le gustaba sentir el ruido de las máquinas trabajando, ver a la gente produciendo, con eficiencia, trabajando en equipo.  El ambiente era ordenado y bien iluminado y ventilado. El personal usaba los implementos de seguridad. Todo estaba correctamente señalizado:  letreros, vías de acceso, los pasillos en el piso…
Al llegar a su escritorio se sentó y miró por la ventana.  Había tráfico, pero no era insoportable. Los semáforos funcionaban.  Las leyes se respetaban. La gente iba ocupada en sus asuntos, pero de manera ordenada.  La puntualidad era un valor nacional, de hecho la “Hora Peruana” era referente en todo Sudamérica y el refrán “Vale un Perú” era bien conocido en Europa para referirse a las cosas de gran calidad.  Miró la bandera del Perú ondeando en el mástil del Palacio de Gobierno. Había estabilidad política y económica, crecimiento, prosperidad. El actual Primer Ministro lo estaba haciendo bien. Había continuidad.  Cerró los ojos por un momento, y recordó a su profesor de Historia en la Universidad cuando decía a la clase
-Jóvenes, piensen por un momento.  Ubíquense en el espacio y en el tiempo, en la coyuntura.  ¿Se imaginan cómo hubiese sido si el Imperio Británico no hubiese derrotado a España?  ¿Si el Virreinato más importante de Sudamérica hubiese continuado siendo una colonia española?  Ahora seríamos una República, como los estados vecinos, que lucharon primero por España contra los británicos, para luego darle la espalda y luchar contra ella en una sangrienta guerra de independencia.  ¿Y cómo están nuestros vecinos en materia económica, política, científica, cultural? ¿Se imaginan cómo sería nuestra nación si no fuésemos parte de la Commonwealth?
Abrió los ojos.  Pensó en los países vecinos al Perú.  Era afortunado de ser peruano, y estaba orgulloso de serlo.