Autor: Sarko Medina Hinojosa

—Al final ¿Decidieron quién sería el sacrificado si llegan a perder en una supuesta final?

La pregunta, en plena conferencia de prensa, sorprendió al director técnico Ricardo “Puma” Eleuney. Era inevitable que se la hicieran, pero igual sintió un frío recorriéndole la espalda. Dadas las reglas del Mundial del Juego de Pelota, habría un sacrificio humano si llegase a perder en la final contra el otro equipo.

—Hemos venido a ganar todos los partidos posibles, el Tawantinsuyo regresa luego de 36 años a este mundial, así que estamos seguros que daremos una buena batalla. Lo otro ya es decisión de nuestras autoridades y de ser necesario, mía.

Los seleccionados, puestos en abanico detrás de él, estaban rígidos, no demostraron mayor emoción, pero todos sabían que el costo de su duro entrenamiento y esfuerzo para llegar a clasificar contemplaba esa posibilidad, el que uno de ellos muriera, por más mínima que esta fuera.

La tensión se rompió con preguntas más de farándula, propia de los medios periodísticos que les interesa las historias románticas de pobreza y esfuerzo de los convocados o la revancha histórica de su entrenador, y que surten las páginas de los periódicos y de las redes sociales con información exagerada, manipulada para dar una buena imagen, aún por su propio imperio.

—¿No sienten que tienen desventaja frente a otros rivales como las federaciones Náhualt, Mayas o Émberas, aún más frente a países que no han dejado de ir a la Copa Mundial como los prusianos, los argentas o los rapa-nui?

—Mire, el Tawantinsuyo estuvo en varios mundiales, tenemos larga tradición de juego, así que no somos una sorpresa, no nos traten como novatos, eso sería un error.

Los Inkas incorporaron el juego como una disciplina deportiva hace más de 300 años, en el marco de los acuerdos de paz que se lograron entre el norte, el centro y el sur de Amerindia. Los aztecas, ciudadanos del Imperio Mexica, dominaban gran parte del norte y algo de centro, los restos de los países de ascendencia maya, estaban en el centro, en una delgada línea de tierra que, inexplicablemente, obtuvo inmenso poder al abrir un canal de parte a parte y que permitía el comercio entre continentes. Lo único que impedía el choque de los gigantes eran esos pequeños países, apoyados por los restos de las potencias Europeas y por los Imperios Asiáticos.

Fue un juego político para los dirigentes, pero, para el pueblo, aquél que esperaba cada cuatro años la realización del mundial, se transformó en una pasión que rayaba con la idolatría. Hubo un tiempo, inclusive, que se quiso endiosar al juego, aun cuando tenía como dios tutelar a la deidad azteca Ehécatl, quisieron darle a la pelota un rasgo antropomórfico, mágico. Esos datos los sabía el director Ricardo porque fue jugador en su juventud y estudió Historia de los pueblos amerindios allá en Leubucó, capital de Argenta.

—¿Le gustaría ver un encuentro entre Argenta y Britania?

—Como argento claro que sí, como hincha también, tienen buen nivel y están entrando por segunda vez al torneo, pero habrá que ver los pases a octavos a ver si se da esa posibilidad.

Él no nació en el Collasuyo, uno de los cuatro grandes estados o Suyos, en que está dividido el Tawantinsuyo, sino en Argenta, que junto a Chilea fueron países que se formaron de lo que quedó del avance conquistador inka, luego que evitaran la conquista por parte del Reino de España. Al ser territorios agrestes, sin interés para la agricultura, fueron dejados al libre dominio de algunas tribus mapuches, que, con el tiempo conformaron una Federación. Lo que no previeron era que el aún poderoso Imperio Británico invadiera por la Patagonia sus territorios y los diezmara y esclavizara. Los que se salvaron fueron los que estaban al otro lado de Los Andes y que conformaron un país pobre en sus inicios y que después resurgiera un poco gracias a los minerales. La Federación Mapuche pidió ayuda a la capital del Suyo, que justo ostentaba el mismo nombre que la federación, pero desde el Qosco prohibieron cualquier ayuda a esos hermanos indígenas, porque tenían un acuerdo con los británicos. Así que durante dos siglos vivieron a merced del invasor, hasta que las rebeliones de los caciques Curu-Nahuel y Millanelmo de 1810 iniciaron el proceso independista, esta vez apoyado por los Inkas, que vieron con mejores ojos que se liberara de ingleses territorios claves del sur, así que enviaron armamento de forma clandestina apoyando el grito de: “¡La Patagonia es mapuche!”. Aún con esa ayuda, la herida en los ciudadanos mapuches del nuevo país estaba latente al sentir que no merecían estar separados, sino unidos en una gran nación.

—¿Para usted sería una revancha llegar a jugar contra Argenta, luego que lo desembarcaran del mundial en el 86, justamente luego de sacar al Tawuantinsuyo de las eliminatorias?

—Yo soy director técnico del equipo inka, lo demás va sobrando, cualquier rival será tratado con el mismo respeto de mi parte, aquí no se juegan revanchas.

Era imposible librarse del lastre, pero, aún con todo, fortalecía la leyenda a su alrededor, así que no explicaba mucho ni negaba que para él significó un duro golpe que, luego de las eliminatorias para ese mundial celebrado en Mexica, el entrenador de ese entonces de Argenta lo desembarcara de la titularidad. En el Tawantinsuyo hubo una corriente negativa cuando entró a la dirección del equipo nacional, justo porque en esas eliminatorias él anotó un Punto de Oro casi al final del partido que significó el adiós del seleccionado inka.

Ahora estaba allí, luego de unas complicadas eliminatorias donde empezaron perdiendo contra los Rionenses, país con condición de invitado porque aún pertenecía a la Corona Portuguesa, quienes históricamente eran los últimos de las tablas de posiciones. Luego se enfrentaron contra la Federación Guaraní. En el camino entre empates y partidos perdidos, Chilea apeló un partido en el que demostró que uno de los jugadores del seleccionado de Los Caribe, ese país pequeño en la punta del continente, era menor de edad, lo cual estaba prohibido. Con eso recuperaron puntos pero también los inkas. Llegaron fortalecidos al partido contra los Chileas y disputaron un repechaje contra los seleccionados de la gran potencia Zúlu. Era casi imposible derrotar a los fornidos contrincantes, quienes en pocas décadas se transformaron en referentes del juego en su continente, pero que llegaron débiles a las eliminatorias y tenían que disputar la última vacante. Un punto de oro de Awqa “El Guerrero” a dos entradas del final y la defensa cerrada consiguió el pase al Mundial que se celebraba por primera vez en Britania.

La conferencia de prensa terminó y pudieron descansar en el hotel climatizado en el cual se alojaron todos los equipos. La consigna desde la Panaca en el Qosqo era que pasaran a las finales a como de lugar. Necesitaban ese aliento deportivo para consolidar la idea de unión del Imperio, luego del asesinato del heredero al trono Túpac Kallpa a manos de su consejero personal Raymundo, quién resultó siendo un separatista del movimiento “Suyos Libres”. Desde hace varios siglos que los cuatro Suyos reclamaban independencia y las guerras civiles fueron constantes. Luego del último homicidio real las rebeliones estallaron por todo el territorio y solo se aplacaron cuando el equipo nacional empezó a ganar. Era necesario un triunfo contundente para reforzar la idea de unidad y evitar más levantamientos.

Ricardo Eleuney lo entendía así.

El primer partido en el mundial era contra el seleccionado Maya. No tenía temor, estudió las estrategias del rival a profundidad. En realidad el juego de pelota es sencillo si se piensa: dos equipos de siete jugadores se enfrentan en una cancha larga de treinta por ocho metros dividida en dos. Se usa una pelota de hule “kik” de 2 kilos y 25 centímetros de diámetro que se lanza por turnos directamente al contrario o con pases a las paredes laterales de setenta centímetros. La pelota puede ser golpeada con el antebrazo, el hombro, la espalda o la cadera y muslo. Los puntos normales se obtienen cada vez que la pelota llega al fondo de cada cancha y un punto de oro se obtenía cuando pasan la pelota por unas anillas ubicada al medio de cada pared de seis metros de altura a cada lado de la cancha, luego de la parte inclinada que separa la parte central plana con esa otra pared. Los jugadores que logran elevar la pelota a esa área otorgan la oportunidad para que uno de su equipo pueda tocar una vez más la pelota e intentar pasarla por ese aro, solo con golpe de cadera.

Allí estaba el arte del juego, en poder mantener lo más posible rebotando la pelota y lanzarla hasta el fondo o en el suelo poder elevarla con golpes de cadera hacia la parte inclinada e intentar un Punto de Oro. El juego se dividía en 12 entradas de 10 minutos cada una de juego intenso. Las faltas se cobran cuando un jugador toca la pelota con una parte no permitida del cuerpo o cuando no lograba pasar la pelota por la línea media dejando el balón en su área. Estas concedían un cuarto de punto al contrario, cuatro y se otorgaba el punto entero en esa entrada. El Punto de Oro valía cinco normales.

El jugo era una suerte de batalla que solucionaba problemas limítrofes, políticos o económicos. De allí que casi todos los imperios, federaciones y países estuvieran inscritos en la FIJA (Federación Internacional del Juego de Pelota) para participar en las eliminatorias. Desde cientos de años al disputar la final se tenía que entregar un sacrificio. A pesar de muchas corrientes humanistas que estaban en contra, se mantuvo el tributo final, como símbolo de la paz. “Uno en vez de millones” reclamaba el lema histórico.

Luego de derrotar a sus rivales mayas en el primer partido con un seis a cuatro, una derrota ante los francos y otra victoria ante los egipcios, los inkas clasificaron a octavos en segundo puesto, lo que llevó al seleccionado enfrentarse contra Argenta. Los medios de todo el mundo estuvieron atentos por la historia casi novelesca creada alrededor de ese encuentro. Fue una sorpresa, el Tawantinsuyo se impuso con un siete a tres. El siguiente partido fue otra revancha histórica. España tenía también su propia inquina con los inkas por el intento de conquista, pero cayó en agónico final con otro Punto de Oro de Awqa. La semifinal era contra Mexica, el favorito de siempre. Para ese partido el director invirtió el peso para que fuera otro de sus punteros el que cargara con la defensa final. El pequeño pero efectivo Amarú Aclla sorprendió con el juego aéreo desde atrás, a costa de duros golpes que lo dejaron imposibilitado de jugar otro partido. Pero la estrategia funcionó, dos jugadores principales de mexica cayeron heridos por la fuerza con que llegaban los balones y perdieron el partido. La final era de infarto, la Federación Guaraní derrotó a sus rivales con facilidad y en la semifinal se enfrentó a la poderosa escuadra Prusiana, quienes adoptaron el juego como nacional y ganaron seis copas mundiales superados solo por los aztecas. Pero perdieron ante el embate amerindio.

—Este juego no determina solo el esfuerzo de ustedes muchachos, sino el de todo el imperio por conservar un estilo de vida unidos, como un solo Suyo. Salgamos a ganar.

—Profesor… ¿va a cambiar el nombre del sacrificio? —preguntó Jefer Cusi.

—No.

Los jugadores soltaron un suspiro de alivio.

En semifinales cada país escogía al posible sacrificado. En tiempos antiguos se mantenía en secreto para no mortificar a los seleccionados ya que entre ellos estaba el que sería muerto decapitado en el mismo lugar del juego final, y extraídos sus órganos internos en ceremonia azteca ritual. Pero en la actualidad se escogía el nombre entre voluntarios y criminales. Aunque por una tradición insustituible, los directores técnicos ingresaban un nombre alternativo al finalizar el encuentro de la final si así lo consideraban necesario.

Los primeros momentos del partido fueron confusos, nerviosismo por ambas partes. Poco juego aéreo y más golpes de cadera en las primeras cuatro entradas. Ya entrados en calor los tantos se fueron cobrando y las faltas eran menos, al final de la séptima entrada estaban dos a dos. Allí se hizo el cambio de siempre para que ingrese Awqa, el gran guerrero de la escuadra inka. Imponente, el veterano jugador lucía la cinta pix’om en la cabeza con los colores de la bandera colorida de los inkas. Dos plumas de cóndor sagrado terminaban el tocado. Para las caderas tenía un tz´um de puro cuero de guanaco, y para las rodillas y antebrazos los protectores kipachq’ab’, cubiertos de piel sintética que simulaba la piel de puma en honor al sobrenombre de su director. Nacido en Quitu, capital del Chinchaysuyo, era un mestizo de sangre africana y quechua, por lo que sufrió discriminación de pequeño y mucha pobreza. Había avanzado en su carrera deportiva para llegar a ser el capitán. Jugó en diversos clubes de ligas como la africana o la europea, pero ahora jugaba por los Bisontes en la competitiva liga del norte de Amerindia. Cuando Ricardo tomó la posta de director, congeniaron mucho y llevaron juntos al equipo con disciplina hacia ese objetivo: el estar en la final mundial.

Jugó con mucha maestría, mientras el partido se emparejaba en cada entrada. Para la onceava y estando cuatro a cuatro, un rebote al ras del piso de Rodrigo Sayla permitió que entrara a la zona de marcación del Punto de Oro, pero, increíblemente falló, permitiendo que en el rebote un contrincante aprovechara y metiera con suavidad el balón por el aro con un golpe de cadera. Todo había terminado. Los Inkas perdían la final.

Pasado el lamento, los jugadores se felicitaron igual por haber llegado hasta ese punto y esperaron la ceremonia del sacrificio. El escogido por unanimidad en el Tawantinsuyo era Raymundo, el fallido suicida que asesinara al heredero de la Mascaipacha, el príncipe Túpac Kallpa. Quedó imposibilitado de hablar al fallar su disparo contra él mismo, pero vivo para ser ofrendado ese día.

—En nombre de la FIJA y en respeto a la decisión final del entrenador, el nombre del sacrificado en esta final de Juego de Pelota y que será ofrecido a los dioses por la paz en el mundo es: ¡Awqa Atahualpa Embé!

Todos se paralizaron, los jugadores no podían creerlo, pero vieron avanzar a su capitán con decisión al campo de juego que se encontraba totalmente cerrado para evitar ataques. Miraron con incredulidad a su entrenador pidiéndoles a gritos una explicación. Los teléfonos no dejaban de sonar desde el Qosco. Pero las normas estaban establecidas. Sin esperar más los encargados del sacrificio se acercaron al jugador con los elementos de tortura, pero antes que llegaran a tocarlo el deportista grito con todas sus fuerzas: “¡Suyos Libres!”, antes que pusieran la mampara que protegería a los espectadores de la visión de sangre y vísceras.