Autor: Fernando Celli Espinoza Cruz

El despertador rugió incongruentemente anunciando la llegada de otro día de trabajo, Leo lo arrojó al suelo como si fuera responsable de la aparición de un nuevo día.
Se levantó mirando las casas de su alrededor. Hoy sería un día muy ocupado, debía asistir a muchas reuniones con importantes líderes que habían acudido a la capital para presenciar el acontecimiento más importante no solamente de su carrera, sino de todo el continente.
Mientras trataba inútilmente de rasurarse (le dolía ser lampiño mientras todos sus colegas lucían barbas  cuasi nórdicas) recordó el debate que inicio su pasión por el periodismo de investigación.
El gobierno del Presidente García había destruido el país, si al comenzar sus promesas presidenciales podías comprar un pan con una cantidad ahora necesitabas 2000 veces esa cantidad para conseguir uno, incluso los delincuentes habían emigrado. En ese entonces el prometedor debate sobre quien lo sucedería se veía en las televisiones de cafetines, universidades, callejones de un solo caño o cualquier lugar donde hubiera una persona mínimamente preocupada por el país.
Los candidatos con las posibilidades más altas, debían cargar con las esperanzas de la población de revertir esta situación y por lo tanto debía hacerse un debate.
Existían dos candidatos que le parecieron buenos o por lo menos eran los únicos que recordaba ya que prefería acompañar a las chicas con el pretexto de estudiar.
El oriental parecía ganador- los chinos trabajan- era la justificación de la gente. Su único logro era haber nacido convenientemente en fiestas patrias, además su pasado como rector de una Universidad le daba peso. Además algunos creyentes lo asociaban con una profecía y casi decidían su voto por él.
El otro gran candidato era el escritor, aclamado por todos los intelectuales o quienes por lo menos habían leído sus obras. Tenía las simpatías de Reyes como Carlos de España, poetas de medianoche, bohemios y viejas ricachonas que veían con suspicacia al oriental
Hija pero si de ese oriental no sabemos nada, por lo menos de Marito conocemos alguito decían mientras tomaban el té con galletitas importadas mirando a sus empleadas con aires de grandeza como para ilustrarlas  sobre el gobierno de un país.
El día del debate llegó, lo recordaba claro porque le gritaron por llevar el cabello largo en esa ocasión, como si pensara con el cabello decía entre dientes al redondo director.
El oriental empezó su discurso con gravedad y poderío.
Prometemos sanear la economía y al contrario de nuestro opositor no aplicaremos ningún shock ni nada parecido, tienen nuestra palabra repetía una y otra vez quien sabe si para convencerse a él o al público.
El moderador dio paso al escritor.
El país está condenado al fracaso y solamente medidas muy severas en economía pueden sacarlo de la situación actual decía nerviosamente y visiblemente preocupado por la frialdad de su competidor.
Ambas posiciones parecían irreconciliables y el debate se hundía en un remolino de propuestas y contrapropuestas.
Con aire socarrón el oriental sacó su carta triunfal para hundir al escritor que ya había tartamudeado algunas veces y visto el desagrado del público ante propuestas que afectaban a sus bolsillos.
¿Sin embargo Usted en su juventud consumió drogas no es así, señor escritor?
Tomado totalmente frio el escritor sabía a donde quería llevarlo… el Perú conservador y pacato que podía hundirse en la corrupción y los excesos jamás le toleraría mostrarlos en público, menos aún a un candidato presidencial…
Gotas de sudor en lugar de las palabras necesarias hicieron eclosión en su cabeza… las manos temblaban y los pensamientos se atropellaban en una carrera sin salida.
Recordó lo que le hacía dicho su asesor –Usa todos los recursos y si no los hay créalos-
Posiblemente sí, mi vida universitaria se enfocó más en escribir y entender el mundo que en estimulantes dijo con una sonrisa que disipó las dudas entre las sonrisas de los asistentes.

Ahora me gustaría presentar algo de su vida privada si no es molestia ya que la mía ha sido expuesta tan alegremente dijo el escritor mirando al oriental con sorna como un niño que va a engañar a su madre para salir a jugar.
Un jovencito de acné juvenil rosado y paso rápido se acercó con un folder con un único documento.
Ante la aprobación del moderador, el escritor empezó el contrataque:
Creo que todos los peruanos aquí reunidos estamos convencidos de que se necesitan medidas urgentes. Por lo tanto los peruanos necesitamos unirnos. Los peruanos elegiremos un candidato. Quizás mi contendiente no se haya estimulado durante su paso por la universidad, pero hay algo que olvidó poner en su ficha de inscripción.
El sobre manila cedió rápidamente ante la seguridad del escritor al sacar una hoja con letras orientales…
Ud. no es peruano, es japonés… y como la palabra de un hombre vale poco, este documento tiene el peso de la autenticidad del consulado de Japon dijo con aire triunfal

Las personas se quedaron heladas, el oriental había puesto tanto empeño en atacar la afición del escritor por los estupefacientes que había olvidado que para ser presidente de un país un requisito era nacer en él.
No tuvo como refutar, es más se le vio cambiar a un color pálido no se sabe si de temor, ira o conmoción, a lo mejor todos juntos.
Palabreo con evidente caos las palabras finales en medio del murmullo de los asistentes que el moderador inútilmente trataba de controlar aunque comulgara con ellos.
El escritor había triunfado, ningún oriental ya sea de Corea, China o Tailandia se sentaría en el trono de Pizarro en los 90s.
Bah como si un debate pudiera cambiar el destino de un país pensó Leo al terminar de ordenar sus recuerdos de ese día…
Los años posteriores fueron graves, cuando Leo terminó el colegio se veía preocupación en casa quizás fue mejor votar por ese chinito que no haría ningún shock decía su ingenuo hermanito.
No seas sonso le respondió el padre, no había otra solución para lo cagados que nos dejó Alan, dirigiéndole una mirada furiosa y cómplice a su esposa aprista.
Los primeros años de los 90s  Leo recordó que no podía salir por el toque de queda y menos aún comprar dulces pues estos habían desaparecido junto con las ilusiones de los ingenuos que pensaban en una rápida recuperación del Perú.
El Shock económico subió los precios desmesuradamente, luego vino el cambio de moneda del inti que valía menos que la política económica aprista, se pasó a una moneda nueva y fuerte según decía el presidente… Recordó la primera vez que se anunciaron las nuevas monedas ya que  el vecino tuvo un ataque al perder todos sus ahorros.
Muchos perdieron sus ahorros y la vida en casa fue ajustada aunque sus padres nunca le decían  que no había dinero pero el refrigerador casi vacío los desmentía.
Otro momento que recordaba con hilaridad fue la captura del ex presidente García cuando trataba de huir a la embajada de Nueva Granada, dicen que se tropezó con un montón de intis que los niños habían abandonado en la calle porque no valían ni para jugar con ellos. No se sentiría solo en la cárcel, la mayoría de su gabinete lo acompañaría, lo que hizo necesario habilitar más celdas en la base naval incluso la prensa especulaba crear otra cárcel en el balneario de Ancón.
Con el Senado de su parte pero con el Congreso en contra, el presidente decidió cerrarlo, total tenía el apoyo del sector conservador y casi momificado de la sociedad que mientras conservara el poder aceptaría cualquier presidente.

Sin embargo el momento entrañable que ocupó sus últimos pensamientos antes de salir de casa fue el Proyecto Perú.
La unión del Perú con el gigantesco Brasil.
Mientras subía al atestado bus, miraba las calles: trabajadores caminaban velozmente temiendo un descuento, escolares con uniformes plomo rata junto a sus madres, vendedores ambulantes con todo tipo de mercancías, etc. Parecía un día como cualquier otro en Lima, pero no era así.
La formalidad de un hombre con un terno gris empapado en sudor lo devolvió a su realidad, ese día el presidente firmaría el acuerdo con Brasil y él debía cubrir el evento del siglo.
Cierto era que Lima estaba amenazada aun por el peligro terrorista, también era cierto que los precios y la inflación habían destruido los bolsillos de los que no eran especuladores, sin embargo el acuerdo con Brasil podría revertirlo todo.
Recordó una frase del colegio: La unión con Brasil ya se había planteado en la época de Velasco y fracasó por culpa del Apra…
Pero con el presidente actual el país de mayor tamaño y el de la cultura más rica harían una alianza poderosa al estilo de los europeos quienes habían creado una comunidad de proporciones gigantescas rica y culta.
Llego a la sala de prensa, los reflectores proyectaban luz pero aumentaban un calor ya opresivo en el lugar, los periodistas estaban ansiosos por escuchar el anuncio de ambos presidentes acerca del proyecto como se conocía a la unión entre Perú y Brasil, los cables se entrecruzaban cual serpientes en medio de los veloces asistentes que se movían con rapidez tratando de captar el mínimo detalle del gran suceso.
Buscó su lugar, que felizmente estaba al lado de una simpática morena de un diario local, mientras le sonreía vio llegar a los fornidos y amenazadores guardaespaldas y personal de seguridad, altos y con mirada marcial lo intimidaron haciéndole perder el interés a su colega, en tan incómodo momento entraron los líderes.
Todas las miradas se volcaron hacia el estrado oficial junto a las banderas de Brasil y Perú a los costados y una gigantesca pintura indigenista que representaba a un guerrero amazónico entregar sus armas a un orejón quien a su vez le entregaba una ropa de cumbi
Los presidentes entraron… habló primero el representante de Brasil.
“Agradezco a ustedes recibirme en estas circunstancias, sus anhelos y esperanzas son las mismas que tenemos nosotros, creemos firmemente en que esta unión favorecerá a todos nuestros ciudadanos en materia económica, nuestras culturas se fortalecerán y fecundaran entre si y juntos podremos ocupar el lugar que merecemos entre las distintas naciones del planeta… “
Su discurso siguió una larga serie de consideraciones sobre la historia de su país y aunque confundía las culturas del Perú cuando afirmo que los collas eran grandes navegantes y que los Incas conquistaron Paraguay, sus intenciones parecieron buenas y más importante aún eran sinceras.
Los aplausos de los asistentes y los flashes de las cámaras dieron un gran efecto a sus palabras por más que debería repasar un poco la historia de su socio.
Leo vio su reloj, habían pasado dos horas después de las rondas de café brasileño y peruano y los canapés de ambos países habían sido servidos cuando llego el turno de las palabras del presidente peruano…
Las miradas se cruzaron ansiosamente, la amenaza de la guerrilla era de temer aunque habían perdido a su líder, el shock económico, el cierre del Congreso y la modernización de la Constitución, la epidemia de cólera en Lima… parecía ingenuo buscar la integración con Brasil con tantos problemas en casa.
El joven periodista alzó la mirada por encima de un altísimo militar…su cerebro eliminó los formalismos del saludo del presidente para registrar la esencia de su discurso.
“La integración es la base del progreso, si no hubiera sido presidente habría viajado a la vieja Europa, felizmente no pasó eso. En nuestro país mestizo poseemos todas las sangres y al mismo tiempo todas las posibilidades. Pero carecemos de fuerza solos. Eso no significa que debamos unirnos sin meditar. En esta ocasión creo que olvidando las divisiones de izquierda o derecha qué tanto daño nos han hecho, debemos unirnos como país. Pero eso aún sigue siendo insuficiente, necesitamos socios para tener peso en el mundo. Creo y considero que el mejor socio que podemos tener es Brasil por su posición geográfica, recursos, población y muestras de amistad y afecto con nosotros…”
A Leo le quedo bien claro que ser escritor daba fuerza a un discurso aunque fuera tan extenso, se distrajo un momento, el presidente continuo…
“por esa razón y siguiendo lo que había planteado el general Mercado Jarrín, un bloque sudamericano del  Perú y Brasil sería un socio que podría tratar de igual a igual con otros bloques económicos del mundo con todas las perspectivas de desarrollo que eso podría traer: industria, trabajo digno, innovación tecnológica, lucha conjunta contra las drogas, intercambio cultural, las posibilidades son casi infinitas…”
El discurso siguió su curso pero ya se había dicho lo mejor de él, así que Leo permitió que la grabadora guardara el resto del discurso para pensar en lo que había dicho el presidente, mientras su cerebro divagaba por las posibilidades.
La unión de Perú y Brasil en un bloque sudamericano… competir con Europa, progreso… eran ideas difíciles de creer teniendo en cuenta el desastroso gobierno anterior…
Volvió al presente por el codazo de su compañera la coqueta y morena colega del costado, pon atención que no voy a contarte después le dijo ella con una media sonrisa.
Ambos presidentes estaban frente a un voluminoso documento, ese papel contenía la unión entre Perú y Brasil, las elegantes estilográficas plateadas de los mandatarios sellaron el nacimiento del Bloque Sudamericano… los aplausos y flashes volvieron a aturdir al joven periodista, mientras los enviados especiales de Chile y Argentina caían enredados en el cableado mientras buscaban una mejor ubicación, culpando a los encargados de logística por su descuido…
Las risas estallaron en ese sector aliviando la tensión del momento dando tiempo a Leo de meditar sobre el momento…
¿Si el oriental hubiera ganado el debate que habría pasado?
¿En qué piensas ovejita? le dijo su confianzuda compañera de momento aludiendo a sus encrespados cabellos.
No es nada le dijo con una media sonrisa, mientras en su ovejuna cabeza repetía un debate no puede cambiar el destino de un país concluyó mientras salían en medio de la multitud.
Las personas se desperdigaban entre las anchas avenidas soleadas de Lima seguidas de ambulantes con todas las mercancías posibles. Leo abandonando a su compañera se acercó a una vendedora de comida, mientras engullía su pan con hamburguesa de cartón, pensó en pedir un aumento, las cosas en el país iban a cambiar…