Autor: Sarko Medina Hinojosa

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—¿Y si declaro un plebiscito para separar los Suyos?

El primogénito heredero del Tawuantinsuyo hablaba así ante un espejo de oro pulido en sus aposentos.

—Pero no puede, es su deber aceptar la gran responsabilidad encomendada por sus ancestros.

El consejero del heredero, Raymundo, siempre entraba como un puma, sin hacerse notar. Acostumbrado a sus impertinencias, el joven se resignó a que termine de ayudarlo a vestirse. El puyllu, el chucu fueron puestos, luego la Mascaipacha, en los hombros la phullu y en los pies las usutas. Para terminar agarró el sunturpauccar de mando y salió rumbo al Hatun Rumiyoc para la ceremonia de traspaso de mando, como lo dictaban las tradiciones. Su padre había muerto dos meses antes, tiempo usado para prepararse para ese momento.

Mientras se trasladaba en un automóvil oficial con lunas polarizadas, miraba la vieja ciudad de Qosqo, “Ombligo del mundo”. Una parcela llena de ruinas rocosas, imposible de sostener hasta unos 200 años atrás cuando se decidió trasladar la ciudad para viviendas y servicios a Izcucancha, a unos 40 kilómetros, en un acto de valor algo arriesgado, ya que esa zona agrícola proveía de los alimentos de primera necesidad para las cortes instaladas en la capital del Imperio Inkaico. La solución sirvió por unas décadas más. Ahora enfrentaba a dos millones de personas en conjunto viviendo en la ciudad satélite más el medio millón que soportaba la capital. Desde el  Inka Roca Yupanqui se pensó en trasladar la capital a una ciudad costera, pero la tradición frustró sus intentos.

—Esta es una tontería, deberíamos cederle de una vez el gobierno a cada uno de los Suyos, con un representante elegido en democracia, no como ahora que lo eligen entre las familias regentes.

—Habla como un separatista, querido príncipe, cuidado.

Trató de sopesar la advertencia de su fiel guardián. Era cierto, ciento cincuenta años atrás Uncur Huamanquí de los Alcas y Toca Condori de los Chancas surgieron como líderes separatistas en el centro y, con dos revoluciones más en el norte y sur, casi destruyeron el Imperio, que tuvo que reaccionar con fiereza nunca antes vista en la llamada “Guerra de los Andes”. Con más de seis millones de muertos a lo largo de 45 años de combates y matanzas bajo el lema “Suyos libres”. Desde allí en más no se permitieron revoluciones ni la idea de independencia, pese a que en el mundo las monarquías cayeron con el tiempo, la de los Inkas se mantenía firme.

Para Túpac Kallpa su herencia le pesaba más que los adornos ceremoniales. Enfrentado a una nueva generación de políticos enquistados en el poder, él estaba más cercano al estilo de gobierno de Estados Unidos de Amerindia en el norte y quería un cambio similar. No bastaban las elecciones universales para los wamanis de los Suyos, cuando el regente era impuesto, el pueblo pedía más poder de elección e independencia económica. Las luchas de su padre Túpac Pumawari con la Cámara de los Curacas para impedir algún tipo de libertades eran legendarias. Al final mantuvo el esquema de reinado y le dejó un Imperio a punto de ser avasallado por la tecnología proveniente de Asia, contagiado del derrotismo de una Europa ya en franca decadencia, y con la responsabilidad de ejemplo para un África resplandeciente, unificada, como reflejo de Amerindia y su principal reino: el emblemático Tawantinsuyo.

—Sé que es difícil entender su responsabilidad en estos momentos, fue criado y educado en diversos países para que tenga una visión amplia, pero, lo que su padre necesitaba que aprendiera era que este pueblo suyo, tan diverso en sus formas, costumbres y geografía, no puede sobrevivir sin un líder tradicional que tome las decisiones finales. Es usted quién encarna esos ideales: el Ama Sua (No seas ladrón), Ama Llulla (No seas mentiroso) y Ama Quella (No seas haragán), recuérdelo, esa es su tradición y, bueno, de todos los descendientes del Inka: la Panaca Real. Es su motivo de existencia al final.

—Pero es una caduca manera de ver las cosas Raymundo, en el mundo las democracias han surgido para darnos a entender que el ciudadano no puede estar sometido a un poder religioso o cultural, menos a tres maneras de concebir la moral. Nadie cree que soy un descendiente del Inti, pero aún mantenemos esa figura en la veneración y las instituciones del Imperio y peor, ¿Quién va a permitirme casarme con mi propia hermana hoy por hoy?, todos sabemos que esa costumbre se abolió hace más de un siglo y ni siquiera eran hermanas de sangre, sino adoptadas para ser específicamente consortes reales, pero cuando me case se recordará que la pureza de la sangre real es un asunto de Estado y todo eso…

—Saltó la vizcacha.

—¿A qué te refieres?

—¿Me permite hablar con libertad?

—Siempre.

—Usted quiere decidir con quién casarse y eso no aplica hacerlo con la princesa consorte Saiwiri.

El joven heredero miró largamente a su consejero, sabiendo que decía la verdad, pero imposibilitado de confirmar algo que podría desencadenar una lucha que terminaría con la lógica de siglos de gobierno frente a su deseo de casarse con Cristela, su eterna enamorada desde que estudió en la Sorbona y con la cual aún mantenía comunicación fluida por video llamada.

Dejó la pregunta sin contestar mientras pensaba en una salida ideal para su dilema. Si bien Raymundo conocía el teje y maneje del Imperio, desconocía la implicancia de ser el heredero de un imperio de más de 200 millones de habitantes. Convertidos en una suerte de estados tributarios del Qosqo, los cuatro Suyos: Antisuyo, Collasuyo, Chinchaysuyo y Contisuyo eran países aparte. Salvo Contisuyo, que era el más pequeño pero el que concentraba en su totalidad el Gobierno Administrativo del vasto territorio, los demás tenían capitales muy marcadas, poblaciones con estilos propios de gobiernos comunitarios y locales, persistiendo en varios el uso de idiomas locales. Por el Norte la principal capital Quitu, otrora separatista, propulsaba la industria de producción de alimentos como un gran fuerte, no solo logrando proveer a todo el Imperio de alimentos sino exportando y manufacturando. Para el sur la capital Mapuche y pasando los Andes: Tarkalla, mantenían un gran territorio, escaso de productos agrícolas en su mayoría pero rico en minerales. Para el Este tenía Amazonía y su crecimiento acelerado en temas de salud, educación e investigación, frenada solo ante la frontera marcada con los rezagos del Imperio Portugués, en ya franca separación por parte de los Rionenses que desde siglos pedían su independencia… y la estaban por conseguir.

Panorama propicio para sus deseos. Los ejemplos en otros lugares alentaban: la caída de los reinos europeos ante las guerras libradas contra el Tawantinsuyo en los primeros siglos del descubrimiento y posteriores luchas por defender escasos territorios, desgastaron sus arcas. Ahora eran solo viejas ruinas propicias para el turismo sexual y cultural, pero en franco crecimiento justo aprovechando su riqueza cultural milenaria. Los imperios del Japón o China y los mismos zares en Rusia, extintos.

—¿Porqué Atahualpa no luchó contra Huáscar?

—Cobardía, traición, poder al final, siempre el poder.

—No, quiero que me digas la razón que se cuenta en las tradiciones populares.

—Bueno… la paz estaba asegurada con Atahualpa en el norte, pero se fortalecía mucho cada año, además de ser el preferido de los ejércitos. Huáscar tuvo miedo de que su reino se partiera, así que le declaró la guerra.

—Sí, exacto, el miedo de Huáscar de perderlo todo ocasionó que viera fantasmas donde no habían. Suerte que Atahualpa no marchó contra el Cuzco y decidiera quedarse en el norte a esperar. Si hubiera entrado en batalla no habría conocido de la llegada de los españoles y sus armas. Gracias a eso también pudo con paciencia combatir las enfermedades que trajeron y esperarlos y derrotarlos y frenar los levantamientos internos. Huáscar comprendió eso y lo dejó hacer… claro, hasta consolidar todo el imperio gracias a un enemigo mayor y luego, calmado todo, con tranquilidad matar a Atahualpa.

—La historia no dice eso…

—Lo sabemos, se le acusó de traición y pudieron someterlo porque estaba anciano y los de su propia corte lo entregaron. Pero, lo que no se conoce bien, porque es historia de mi legado, es que Atahualpa iba a marchar contra el Qosqo, pero, en su viaje a Tomepampa a rendirle honores a la consorte del Inka Túpac Yupanqui, se enamoró de Cusi Killac, una sirvienta; y así decidió postergar toda la guerra por ese amor. De no ser así (no soy chamán para saberlo) creo que el Imperio hubiera entrado en una guerra civil que sería aprovechada por los invasores para conquistarnos al final.

—He ahí la madre de la vicuña.

—Tú y tus dichos populares, pero sí, tienes razón, mi punto es que un hecho no político como el enamoramiento hizo que mirara todo con amplitud. No pienso que ahora suceda algo así, pero el amor, mi querido Raymundo abre el entendimiento a cosas que la lógica no comprende y te da una intuición de acción que puede ser válida para emprender grandes proezas.

—No existen ahora las condiciones para embarcarse en una “proeza” que desintegre su herencia.

—No entiendes… estamos corruptos hasta la médula, esos valores que mencionaste son pura hipocresía y lo sabemos. Concentramos en el Contisuyo el 70% de toda la riqueza que se produce, en un estado que no tiene ni la cuarta parte del territorio de los otros tres. La clase política en el Qosqo y su ciudad satélite sobrevive por herencia, compradrazgos, casamientos, ahijados, no por calidad y responsabilidad al momento de administrar los bienes, hay muchos pueblos aún con pobreza e ignorancia, acervada por supuestas tradiciones y ese miedo a no contaminarnos con el resto del mundo produce oscurantismo. Estamos al borde de un nuevo intento separatista porque no permitimos que haya libertad de expresión por temor, justo, a una nueva Guerra de los Andes y gracias a eso podemos arrestar a cualquiera que tenga sesgo libertario, pero allí están, hablando otros derivados del Quechua, del Aymara y nosotros prohibiéndoles mientras nosotros mismos hablamos español y chino mandarín como lenguas oficiales. Estamos ciegos Raymundo si no vemos que tenemos que dar otro paso. Atahualpa lo pensó bien y se sacrificó para que el Imperio se mantuviera en momentos en que era necesario hacerlo, pero ahora me toca a mí darle el espacio para que crezca pero hacia adentro, dándole la oportunidad de fortalecerse a mis pueblos. Sé que la excusa para llegar a este razonamiento son los sentimientos por una mujer, pero si lo piensas, no hay mejor excusa que esa para que uno razone distinto y sí, la decisión la he tomado, hoy mismo daré el anuncio declarando el plebiscito universal para votar la separación.

Raymundo veía transformado al príncipe, de ser un joven algo indeciso en los meses anteriores, aprendiendo casi sin hablar todo lo necesario para suceder en el trono a su padre difunto, ahora lo veía convertirse en un líder que podría generar un verdadero cambio, a diferencia de sus hermanos y hermanas que eran más tradicionalistas, al parecer el joven heredero tenía la fuerza suficiente para ese traspaso histórico.

—Parece que el amor es un arma poderosa que hace reflexionar a los grandes y los lleva por caminos que la razón no entiende.

—En un inicio sí. Pero no es para preocuparse, podemos hacer la transición lo menos onerosa para mi propia familia y todos los que nos sirven como tú, amigo mío, ¡Mira! hasta puedo así decirte con naturalidad sin sentirme abochornado por confianzas inapropiadas. Al final solo somos seres humanos, iguales ¿Qué dices? ¿Me apoyarás?

—Por supuesto, como apoyé a su padre en su momento, mi deber es asistir al príncipe heredero, aunque en este caso usted ya no lo sea.

—¿Qué dices?

El disparo del arma de Raymundo alertó al conductor. Con la misma sangre del heredero muerto el sirviente fiel al Imperio escribió en el techo del vehículo las palabras: “SUYOS LIBRES” antes de dispararse.