Autor: Willian Enrique Zevallos Sanchez

Mi nombre es Enriquillo, soy un tripulante que llego junto con Francisco Pizarro y sus soldados al Tahuantinsuyo, un imperio del cual habíamos escuchado que los habitantes bebían y comían en vasijas de oro. Por el deseo de tener muchas riquezas y cambiar nuestras vidas de pobres que teníamos en España, decidimos viajar a esas tierras y conquistarlas, sin imaginar lo que el destino nos tenía preparado.
Hoy les contare las aventuras que tuvimos que pasar durante la guerra contra los indios y cuál fue el costo por obtener nuevas riquezas, en la cual nadie salió ganador.
Luego de firmar un contrato en Panamá el 20 de mayo de 1524, que tenía como socios a Francisco Pizarro, Diego de Almagro y a Hernando de Luque. Realizamos nuestra primera expedición, en la cual, los pueblos de Rio de la Espera y Puerto del Hambre, fueron testigos sobre los padecimientos de nuestro primer viaje. El resultado de esta expedición fueron cinco españoles muertos y veinte heridos, en el cual fue un total fracaso.
Después de la primera expedición, partimos a una Isla llamada el gallo, en ese lugar sucedió un acontecimiento importante que marcaría el destino de nuestras vidas. Francisco Pizarro manda a Diego de Almagro a Panamá para traer refuerzos y también con obsequios para el gobernador Pedro de los Ríos, sin darse cuenta que en uno de los ovillos de lana que había sido enviado para la esposa del gobernador, llevaba un mensaje de auxilio, ya que varios de los soldados descontentos que habían pasado penurias por no encontrar oro, querían regresar a Panamá. El mensaje que habían mandado al gobernador Pedro de los Ríos decía:
¡Oh señor Gobernador
Miradlo bien por entero
Que allá va el recogedor
Y acá queda el carnicero!
Pedro de los Ríos al enterarse sobre los padecimientos de los soldados, impidió la salida de Diego de Almagro, y mando a Juan Tafur a la Isla del Gallo, para que recogiese a Francisco Pizarro y a sus acompañantes. Era el año de 1527 cuando Juan Tafur llega a la isla a dar la noticia, que el gobernador dio la orden de que regresen a Panamá, Pizarro al verse frustrado, ya que la segunda expedición iba ser otro fracaso; hablo con los soldados para que sigan adelante y no retornar a Panamá, sin embargo  los soldados descontentos por no encontrar nuevas riquezas, no lo escucharon. Al verse solo, no se dejó ganar por el miedo y avanzo hacia sus hombres, saco su espada, los miro a todos, dibujo una línea sobre la arena y les dijo: “Los que cruzan la línea se regresan a Panamá a seguir con una vida llena de miserias, los que no, seguirán en la odisea en busca de riquezas y una buena vida”. Solo trece soldados quedaron con él, los demás regresaron a Panamá.
Luego del suceso en la isla del gallo partimos hacia el sur; llegando a Tumbes, La chira, y varios puntos del litoral hasta el rio Santa. Los habitantes de esos lugares nos veían con asombro, sorprendidos, como si nunca hubieran visto hombres con barba, montados a caballo; vestidos  con coraza, casco y botas. Pensaban que éramos dioses, seres misteriosos que surgían del mar a darles alguna noticia, nos trataron de una manera que jamás hubiéramos imaginado, nos ofrecieron chicha, fruta, maíz y otros alimentos, también nos dieron un lecho; era una forma para establecer relaciones de amistad.
Al día siguiente en medio de regalos y festines, Pizarro mando a sus soldados hacer disparos de arcabuz y airosas pruebas de corceles, para llamar aún más la atención de los indios, ya que para ellos estas visitas fueron mágicas, que solo eran vistos por muy pocos; a partir de ese momento sin planearlo, creamos una leyenda, que sería llevada por todo el territorio.
Nos contaron de la existencia de aquel imperio que al principio para nosotros era incierto, lo cual estaba formado por ciudades muy hermosas, llenas de oro y gobernado por un inca llamado Huayna Capac, este inca tenía un ejército muy poderoso y que ningún enemigo podía derrotarlo. Nuestra codicia creció aún más, nos imaginábamos muchas cosas, nuestro sueño estaba a punto de ser realidad, queríamos ir a ese lugar  atacarlo y saquearlo lo más pronto posible, pero no fue así, porque no teníamos un ejército bien organizado ni las armas necesarias para conquistar esas tierras.
Es así como Francisco Pizarro, ya seguro de la existencia del Tahuantinsuyo, decidió regresar a Panamá para formar un ejército bien armado, ya que el imperio era demasiado imponente para las fuerzas que disponía entonces. Pero los funcionarios reales de Panamá no lo permitieron, ya que la crueldad mostrada en la primera expedición y en la isla del Gallo hacía difícil su gestión. La copla enviada al gobernador Pedro de los Ríos, lo había descrito como carnicero y eso ningún favor le hacía.
Al no recibir ninguna ayuda, tomo la decisión de viajar a España para pedirle permiso a la corona española, en organizar una expedición en regla y a la vez pedir el apoyo para que pueda conquistar esas tierras. Le pidió a Diego de Almagro que lo acompañe, pero este se negó hacerlo, ya que creía que su falta de modales y el hecho de ser tuerto podrían de alguna manera afectar negativamente las negociaciones, decisión que más adelante se arrepentiría de no haberlo acompañado.
Partió en septiembre de 1528 a España, llevando consigo camélidos, cerámicas y otros tipos de obsequios para el rey Carlos I, también llevo a tres tumbesinos para que se presenten como testigos acerca de la existencia del Tahuantinsuyo. Al llegar a España, se dirigió a Toledo para que se entreviste con el monarca, pero para su mala suerte, ni bien llego a la ciudad fue apresado, ¿la causa de su arresto?, fue que los sucesos ocurridos en la primera expedición y en la isla del Gallo también llegaron a oídos del monarca, a este no le gustó nada lo que había ocurrido en esos viajes, es por eso que ordeno su encierro. Pero la suerte estaba de lado de Francisco Pizarro, ya que para ese tiempo en España, se encontraba un pariente suyo muy prestigioso, el conquistador Hernán Cortez.
Hernán Cortez al igual que Francisco Pizarro, era un hombre aventurero, en busca de fortuna y poder; fue un hombre polémico, valiente, miserable, cruel, y traidor. Como principal protagonista de la conquista de México fue un gran estratega, un lúcido político y un hábil negociador, al igual que nosotros fue confundido como un Dios, gracias a esa confusión pudo conquistar el imperio Mexicano.
Ya prestigiado con la conquista de México y próximo a recibir su título de Marqués del Valle de Oaxaca, Hernán Cortez se enteró que su compadre estaba preso, abogó ante el rey para que lo deje en libertad y también para que se le de la oportunidad de exponer las pruebas del descubrimiento del Tahuantinsuyo. Es así que gracias a la ayuda de Cortez, Francisco Pizarro pudo recuperar su libertad y poder vincularse con la corte.
Al salir en libertad se dirigió ante Carlos I, pero lamentablemente no pudo entrevistarse con él, ya que el monarca tenía que partir a Italia por unos asuntos de trabajo, en su reemplazo dejo  a su esposa Isabel de Portugal para que pueda atenderlo.
Fue así como Pizarro término negociando con el consejo de Indias, expuso ante los consejeros sus razones para que el rey diera la autorización para la conquista y población del Tahuantinsuyo.  Terminada la negociación, se redactó las cláusulas del contrato entre la corona y Pizarro, ante la ausencia del rey, Isabel de Portugal firmo el contrato el 26 de julio de 1529, aquel contrato que recibiría por nombre, la capitulación de Toledo. Contrato en donde el mismo Francisco Pizarro seria el beneficiado entre todos los socios de la conquista del Tahuantinsuyo.
En la capitulación de Toledo a Pizarro se le concedió el permiso y el apoyo de la corona para conquistar el Tahuantinsuyo, también ser gobernador y capitán general de todos los territorios que conquistaría, con un sueldo anual de ochocientos mil maravedíes, con ese contrato ya nadie habría de discutir sus actos sobre la conquista.
Mientras que para Diego de Almagro se le concedió la gobernación de la fortaleza de Tumbes, también se le asciende a la categoría de Hidalgo y se le da el derecho de cobrar un sueldo de trecientos mil maravedíes, menor que la de Pizarro.
A Hernando de Luque se le concede el título de protector de los indios con un sueldo de mil maravedíes, a los trece de la fama el grado de caballeros de la espuela dorada, a Bartolomé Ruiz se le nombro piloto mayor de la mar del sur con un sueldo de sesenta y cinco mil maravedíes y a Pedro de Candia se le nombro artillero mayor del Tahuantinsuyo.
Una vez firmada y obteniendo todos los derechos de conquista, Francisco Pizarro decidió ir a su ciudad natal de Trujillo, allí se encontraban sus hermanos: Hernando Pizarro, Gonzalo Pizarro, Juan Pizarro, Pedro Pizarro, Cristóbal Pizarro, Diego Pizarro y Martin Pizarro. Él había tomado la decisión de llevarlos, para que dejen la vida de pobres y también para que lo ayuden en la conquista del Tahuantinsuyo, juntos llegarían a formar el clan Pizarro.
Ya estábamos a punto de partir hacia el Tahuantinsuyo, de repente llego un soldado llamado Gavelan, él había traído  una carta que había sido enviada por Hernán Cortez para Francisco Pizarro, en esa carta venia un mensaje muy importante que serviría mucho para la conquista del Tahuantinsuyo. Aquel mensaje decía: “Mi estimado Francisco Pizarro, si quieres conquistar el imperio del Tahuantinsuyo, tienes que aplicar la estrategia del ajedrez, es decir capturar al rey, una vez que lo tengas en tus manos, podrás gobernar todo el territorio”.
Partimos el dieciocho de julio de mil quinientos treinta y uno  en la mañana, pensábamos que íbamos a ir a Panamá a recoger a Diego de Almagro y a su ejército que había formado como refuerzo, pero no fue así, Pizarro dio la orden que fuéramos directo al Tahuantinsuyo, y que al llegar le enviemos una carta para que sepa que ya habíamos llegado. Durante el viaje el padre Valverde hizo una misa, dio la orden de que todos se tomaran de las manos mientras rezábamos, nos bendecía a cada uno para que todo salga bien, después nos hizo jurar en nombre de Dios que ninguno iba envidiar las riquezas que obtenía cada uno en la conquista y que más bien deberíamos de contentarnos con lo que ganábamos, así fuera poco, claro que más adelante ese juramento se iba a romper. Todos estaban entusiasmados por llegar, las conversaciones solamente se trataban de cómo  íbamos a disfrutar los tesoros que íbamos a obtener, de cuántas mujeres íbamos a repartirnos, todos los días le preguntábamos al piloto si ya faltaba poco para llegar, ya queríamos tener una vida lleno de privilegios, pero nadie se imaginó cual era el costo por conquistar esas tierra y el destino que nos iba a tocar a cada uno.

Desembarcamos nuevamente en Tumbes, el cuatro de febrero de mil quinientos treinta y dos, ni bien llegamos nos enfrentamos con un ejército de Indios,  ganamos la batalla pero lamentablemente murieron seis españoles y varios caballos a consecuencias de la flechas. La tierra estaba desolada, nos sorprendimos mucho porque no habíamos encontrado el orden ni la amabilidad que habíamos recibido en el viaje anterior.  
Mediante los informantes nos enteramos que el inca Huayna Capac había fallecido a causa de la viruela, una enfermedad del viejo mundo que habíamos traído en el segundo viaje, y que el reino del Tahuantinsuyo estaba en disputa entre dos hermanos: Huáscar y Atahualpa.
Esta noticia alegraba mucho a Francisco Pizarro, los soldados con mucho entusiasmo decidieron avanzar, ya que esta guerra civil entre estos dos hermanos iba a beneficiar mucho en la conquista.
Pero ¿Quiénes eran estos dos personajes que se enfrentaban por el imperio del Tahuantinsuyo?
El imperio del Tahuantinsuyo tenía dos ciudades muy importantes: Cuzco y Quito; la primera más importante que la segunda, pero Huayna Capac había decidido gobernar desde Quito. Al morir el inca, el heredero del trono iba ser Ninan Cuyuchi, pero este también murió a causa de la viruela, tras la muerte de ambos, se creó un poderoso vacío del poder del imperio. Huáscar por ser hijo de la colla y de Huayna Capac, salió de Quito dirigiéndose al Cuzco para proclamarse como sucesor de su padre, tenía todo el derecho de tomar el trono, pero algunas familias aristocráticas  no quisieron que el fuera el sucesor, querían que el sucesor fuera Atahualpa que también era hijo de Huayna Capac, pero él tenía una gran desventaja, no era hijo de la colla, por lo tanto no debería ser el sucesor de Huayna Capac, pero apoyado por la mayoría de gente aristocrática encabezo un levantamiento en contra de su hermano. Fue así que entre estas dos ciudades se inició una gran rivalidad por el poder, Cuzco era gobernada por Huáscar y Quito por Atahualpa.
La diferencia entre los dos hermanos era muy distantes, Huáscar era un inca que carecía de disciplina, sin objetivos y muy religioso, pensaba que el Dios Viracocha iba a bajar de los cielos para castigar a su hermano por alzar un levantamiento en su contra; tenía un ejército muy débil que ni el mismo le tenía mucha fe, sus generales estaban perdiendo la guerra, al darse cuenta de esto, tomo la decisión de dirigir el mismo su ejército, más adelante esta decisión iba ser muy lamentable. En cambio Atahualpa era lo contrario que su hermano; era un inca cruel, despiadado, no le importaba matar a un miembro de su familia con tal de conseguir el reino del Tahuantinsuyo, no era religioso y tenía un ejército muy poderoso al mando de tres generales muy importantes, que más adelante iban a luchar a muerte para salvar su reino: Rumi Ñahui, Apo Quizquis y Challco Chima.
Al conocer esta gran diferencia que había entre los dos hermanos, Pizarro tomo la decisión de apoyar al más débil, su idea era acabar con el más fuerte y no tener problemas en conquistar el Tahuantinsuyo.
En Tumbes ya no reinaba la paz, estaba dividida por la guerra civil, nuevamente fuimos atacados por un ejército de Tumbesinos partidarios de Atahualpa, estuvimos a punto de perder, ya que las bajas fueron espantosas, veinte castellanos muertos. De repente llego un audaz capitán con un ejército muy experimentado: Hernando de Soto. Con el apoyo de su ejército pudimos ganar la batalla.
Hernando de Soto también había escuchado del fabuloso imperio de los incas, así que convenció a toda su gente para que dejen la vida que tenían en Nicaragua y fueran en busca de esos nuevos tesoros. Trajo con él,  gente muy experimentada en guerra contra los indios y una mujer muy bella, Juana Hernández, primera mujer española.
Pizarro al darse cuenta que puede haber un enfrentamiento entre castellanos, decidió que Hernando de Soto se una a su bando y que fuera el segundo general de su ejército, junto con el otro Hernando formarían una buena dupla.
Más adelante también nos encontramos con otro personaje que también había escuchado sobre el imperio de los incas: Sebastián Belalcázar, él también se unió al ejército de Pizarro en busca de esos tesoros, ya que no tenía otra opción, su ejército no era muy fuerte para luchar contra los indios.
En tumbes no todos eran partidarios de Atahualpa,  también habían gante que apoyaban a Huáscar, decidimos entrevistarnos con ellos, haciéndoles creer que veníamos a poner justicia a favor de su rey. Estos huascaristas recordaron que años atrás surgió una noticia acerca de seres misteriosos que surgían del mar y que venían vestidos igual que nosotros, se asombraron mucho y creyeron en la divinidad de los dioses, pensaron que veníamos a castigar al hermano usurpador, así que decidieron apoyarnos en la lucha contra el ejército de Atahualpa.
La noticia sobre la llegada de los dioses no solo recorrió en tumbes, sino también en todas las ciudades del imperio a través del periódico El Incanato, los titulares decía: “Misteriosos seres vienen hacer justicia”, “Dioses del sol vienen a castigar al usurpador”, “Ejercito de Huáscar es protegido por hombres barbudos”. En cusco Huáscar se alegró mucho  ya que creía que el Dios Viracocha había enviado a su ejército para ayudarlo en la guerra contra su hermano y dio la orden de que fuéramos recibidos en todos los lugares con obsequios por estar a su favor.
Era el quince de julio de mil quinientos treinta y dos, Pizarro con la ayuda de los caciques, enemigos de Atahualpa, decidió fundar la primera ciudad española en el Tahuantinsuyo: San Miguel de Tangarara. En este lugar también puso su primera guarnición española al mando de Sebastián Belalcázar.
Una vez fundada esta ciudad, Pizarro decidió avanzar hacia el sur, en el camino iba comunicando a todos los naturales que había sido enviado por el Dios sol para ayudar a Huáscar y a castigar al inca Atahualpa por alzar una rebelión en contra de su hermano. A partir de ese momento, recibimos apoyo de varios grupos étnicos (Chachapoyas, Cañarís y Huancas) que habían sido sometidos por los incas y que aspiraban a obtener su libertad, se unieron a nuestro ejército y guerrearon a favor nuestro, pensando que tenían una gran oportunidad para ser libres.
Estábamos cruzando el Sechura, de repente apareció un individuo disfrazado de indio del común llamado Apu y se mesclo entre los indios que nos seguían. Apu era un indio muy entrometido, había curioseado mucho en nuestro campamento, Hernando Pizarro al no soportar este comportamiento pateo al indio, este al caer, desbarató el turbante que escondía sus grandes orejas, nos sorprendimos mucho ya que nos dimos cuenta que estábamos ante un espía enviado por Atahualpa. Pizarro al tomar conciencia de esto, dio la orden de que lo tratemos de una manera cuidadosa y que nos mostremos de una forma amigable, le dimos varios obsequios para que le entregue al inca.

Al reunirse con Atahualpa, Apu le comunico que nosotros éramos unos simples infelices, gente mentirosa que solamente queríamos llamar la atención del pueblo, que éramos unos debiluchos y holgazanes ya que preferíamos andar montados a caballo que caminar, también le dijo que ninguno de nosotros servíamos para la guerra y que fácilmente podríamos ser esclavos. Atahualpa al escuchar este reporte, se alegró mucho ya que sentía que podría derrotarnos, junto con Apu planearon un plan que consistía en:
Hacernos ir a Cajamarca para entrevistarnos con el inca, ya que en ese lugar se encontraba, estando en la ciudad nos iban amarrar con sogas, luego tomarnos prisioneros y matarnos en delante de todo el pueblo, para demostrar que él era vencedor de Dioses. De todos nosotros solamente tres iban a sobrevivir: el herrero, el domador de caballos y el barbero; estos tres individuos eran muy importantes para Apu, en especial uno, que según él tenía poderes para rejuvenecer.
Estando en Lambayeque recibimos la visita de Apu, traía unos patos degollados como obsequios para nosotros, al ver esto nos asustamos, ya que lo tomamos como una amenaza por parte del inca. El indio hizo lo que exactamente había planeado, invitarnos a Cajamarca para entrevistarnos con Atahualpa.
Llegamos a Cajamarca el catorce de noviembre de mil quinientos treinta y dos, en la entrada de la ciudad había muchos campamentos militares, pensamos que nos tenían una trampa para atacarnos, pero no fue así, nos dejaron ingresar con total normalidad. Al día siguiente nos enteramos por el diario el incanato que Apu Quizquis y Challco Chima, generales del inca habían tomado dos ciudades muy importantes: El Cuzco y Jauja, esta noticia fue muy buena para Pizarro ya que el Inca estaba un poco desprotegido.
Ese mismo día Pizarro decidió mandar a los dos Hernando para invitar al inca almorzar en la plaza, ellos se dirigieron a los baños del inca, ya que en ese lugar se encontraba Atahualpa con su campamento militar, allí el inca los recibió pero no les dirigió ni la mirada ni la palabra, estaban incomunicados, no hablan la misma lengua, salvo por un intérprete que fue muy importante en el descubrimiento del Tahuantinsuyo: Felipillo.
Felipillo fue uno de los primeros mensajeros que confirmaba la existencia del imperio, a este indio lo encontramos en el viaje anterior, fue llevado junto con otros dos tumbesinos a España por Francisco Pizarro para que hablen acerca de la existencia del Tahuantinsuyo y así puedan dar el permiso para la conquista.
Luego de la entrevista que tuvieron los dos Hernando con Atahualpa, regresaron con una buena noticia, el inca había aceptado reunirse con nosotros al día siguiente, Pizarro se alegró mucho ya que ese día, se planeaba la captura del inca.
Cayo la noche del quince de noviembre, comenzó a llover fuerte, los truenos sonaban como si cayeran rocas del cielo, los indios prendían fogatas que encendían la oscuridad como millares de estrellas, fue una noche espantosa, teníamos mucho miedo, llorábamos, nos orinábamos sobre nuestros pantalones, queríamos regresar a España y olvidarnos de todo, nos cogíamos de las manos y rezábamos, cinco de nosotros no soportaron y decidieron suicidarse, fue una larga noche de terror, ninguno durmió, todos montamos guardia.


Llego el día decisivo, dieciséis de noviembre, mientras se acerba la hora de la entrevista, Pizarro separo al ejército en tres grupos: Él se iba a encargar de la infantería, los dos Hernando se encargarían de dirigir la caballería y Pedro de Candia de la artillería; estos tres grupos se esconderían en las callancas de la plaza al momento de la llegada del inca. Se acordó que el que el padre Valverde iba a recibir al inca y también dar la señal para poder atacar.
Eran la una de la tarde y aun no llegaba el inca, pensábamos que no iba a llegar y que el plan que teníamos se iba a echar a perder, Pizarro se desesperó y mando a uno de nosotros para apurar al inca, al regresar nos avisó que estaban en una celebración y que ninguno le prestó atención.
Ya casi las tres de la tarde, el inca ingreso a la plaza, este se sorprendió verla vacía ya que pensaba encontrar a Francisco Pizarro, en su reemplazo apareció el padre Vicente de Valverde para darle el recibimiento. Nosotros también nos sorprendimos ya que pensábamos que Atahualpa iba ingresar a la plaza con su ejército, pero no fue así, al contrario ingreso con una multitud de gente que no era de guerra; sino acróbatas, músicos, danzantes, arlequines; pareciese que hubiera llegado a una fiesta, esto nos tranquilizó mucho ya que no iba ser difícil de derrotarlo.
Estando frente a frente los dos, Atahualpa le alcanzo un quero de oro lleno de chicha al padre Valverde, este pensando que lo iban a envenenar arrojo la bebida al suelo, el inca tomo este acto como una grave ofensa pero se contuvo, luego el padre le leyó unas frases tomadas de la biblia mientras crecía la rabia del inca, ya que sentía que le leían frases incomprensibles y sin sentido, alcanzo a preguntar ¿de dónde salen estas palabras?, el padre le dijo que del libro, al manipularlo, el inca acerco el libro a sus oídos y al no escuchar nada lo arrojó al suelo. El padre Valverde al ver este acto se enojó y grito muy fuerte diciendo: ¡En nombre de Dios, matar a este perro rabioso!, ese era la señal para atacar.
Salimos directo a matar, atacamos sin piedad, en las patas de los corceles habíamos puesto campanillas para hacer fuerte ruido y hacer su galope feroz, atropellamos a la gente para dispersarla y apartarla del inca. Pedro de Candia al escuchar el grito de Valverde dio la orden que dispararan los cañones, los indios que estaban en la plaza se quedaron perplejos a ver esta masacre, tuvieron mucho miedo ya que nunca habían visto este tipo de lucha, hubo una gran carnicería. Pizarro junto con Gonzalo se dirigió directamente a capturar al inca, al llegar al lugar donde estaba, aniquilaron a los indios que lo protegían, era difícil llegar al inca  ya que los caídos eran reemplazados por otros, no les importaba perder su vida con tal de proteger a su rey.
En ese momento un soldado llamado José perdió la compostura y trato de matar al inca con una lanza, Pizarro se interpuso y cogió la lanza con su mano, y la atravesó en el cuerpo de José, hasta ese momento era la única sangre española que caía en la plaza. Después de dos horas fue capturado el inca, en el rostro de Pizarro se dibujaba una sonrisa, lloraba de alegría, todos nos abrazábamos sonrientes, sin pensar lo que iba a pasar después.
Eran la seis de la tarde, nosotros todavía estábamos en la plaza de Cajamarca, comenzó de nuevo a llover, apareció el puktay, nadies podía ver, los caballos fueron amarrados para que no se escapen ya que tenían miedo a los truenos. Teníamos que pasar la noche es la plaza ya que era imposible de trasladarnos a otro lugar.
En ese momento pudimos  ver que un indio se levantó herido y se dirigió a la entrada de la plaza e hizo sonar una trompeta, Hernando de soto cogió una lanza y la introdujo en el cuerpo del indio, pero ya era demasiado tarde ya que se estaba acercando un ejército muy fuerte
El ejército de Rumiñahui al escuchar el sonido de la trompeta, se dirigió a la plaza a rescatar al inca, se inició de nuevo la lucha, pero esta vez la íbamos a perder. Ese día no solo corrió sangre indígena sino también sangre española, murieron sesenta españoles entre ellos Cristóbal y Diego, ambos hermanos de Francisco Pizarro; también murió el padre Valverde y el tumbesino Felipillo. Fue una noche triste para Francisco Pizarra, lloraba como un niño, no podía soportar esta tragedia, la perdida de sus dos hermanos y también la del inca. No lo podía creer, teniendo en sus manos al usurpador, lo dejo ir.
A la mañana siguiente el diario el incanato informaba la tragedia que había sucedido en la plaza, el periódico tenía como título: Lagrimas de un Dios, triunfo de un Usurpador.
También nos enteramos que Huáscar no había podido derrotar al ejército de Apo Quizquis y que había abandonado el cusco. Al enterarse de esta noticia, Pizarro decidió entrevistarse con Huáscar para firmar un pacto de alianza y así poder derrotar al usurpador, también para vengar la muerte de sus dos hermanos.
Veinte de diciembre de mil quinientos treinta y dos, llegaron nuevos refuerzos, el ejército de Diego de Almagro arribo al Tahuantinsuyo, al enterarse de la tragedia en Cajamarca, Diego lamento mucho de lo que nos había sucedió. Una semana después Pizarro se entrevistó con  Huáscar, en esa entrevista se firmó un tratado en el cual los dos iban a luchar contra Atahualpa, claro que en ese momento Pizarro se estaba aprovechando ya que su plan era acabar con el más fuerte para luego eliminar al más débil, y así poder quedarse con el Imperio.
Mientras tanto en Cusco, Atahualpa al enterarse de este pacto por medio del periódico el incanato, decidió organizar su ejército. A Rumiñahui le ordeno que fuera a Cajamarca y destruyera nuestro campamento militar y que no dejara ningún castellano con vida, a Apo Quizquis le ordeno que capture a su hermano Huáscar y que lo llevara al Cuzco para que le de pena de muerte en delante del pueblo, y a Calco Chima le ordeno que vigilara los alrededores del Cuzco para que no haya ningún problema con los soldados de Huáscar. En ese momento también cometió un grave error, dejo sin protección la segunda Capital del Tahuantinsuyo, Quito.
Doce de enero de mil quinientos treinta y tres, inicio una nueva lucha en Cajamarca, Rumiñahui había destruido nuestro campamento militar que estaba al mando de Martin Pizarro, ese día ningún castellano había sobrevivido, esta lucha había durado solo doce horas. Francisco Pizarro estando en Urubamba, se enteró por medio del periódico el incanato, no lo podía creer, nueva derrota ante el poderoso ejército del Atahualpa
El trece de marzo se iba a producir la captura de Huáscar, luego de tres semanas fue llevado al Cusco en donde iba a morir a manos de su hermano, los huascaristas no lo podían creer, ya comenzaban a dudar del poder de los supuestos dioses. Al enterarnos de esta noticia, varios de nosotros decidieron abandonar el Tahuantinsuyo, ya que veían imposible conquistar ese imperio. Pero pronto se iba a producir una victoria nuestra muy importante.


Estando Sebastián Belalcázar en San Miguel de Tangarara, se enteró que la capital Quito estaba desprotegida, este sin pedir permiso a Pizarro para ir a esa ciudad, se aventuró ir a ese lugar en busca de oro, ya que en San Miguel no tenía nada que ganar. Llego a Quito el ocho de agosto, con la ayuda de los cañaris pudo conquistar ese lugar, saqueo todos los tesoros que había en la ciudad, de la noche a la mañana, Belalcázar se convirtió en un personaje muy importante sin que lo sepa Diego de Almagro y Francisco Pizarro.
Al enterarse Rumi Ñahui de este suceso, partió hacia quito sin que lo sepa Atahualpa, quería darle una excelente noticia a su rey, de que había derrotado a un español. Pero no fue así, Rumiñahui fue a ese lugar sin medir las consecuencias, cayó derrotado frente al ejército del Belalcázar, este general muy importante de Atahualpa iba ser ejecutado el quince de diciembre de mil quinientos treinta y tres.
Al enterarse Atahualpa por medio de periódico, lamento mucho ya que había sufrido una gran baja en su ejército, ahora solo le queda dos generales muy importantes: Apo Quizquis y Calco Chima. Estos dos generales iban a luchar a muerte frente a poderío Español.
A pasado un año desde la muerte de Rumi Ñahui, el ejército de Atahualpa sigue luchando contra el ejército español, no hay ganador ni perdedor, los dos ejércitos seguían luchando de igual a igual. Pero la suerte estaba de parte nuestra ya que muy pronto íbamos a tener nuevas victorias.
Huaina Palcon era un indio de mayor linaje que pertenecía del Atahualpa, era muy ambicioso, decidió traicionar al general Apo Quizquis a cambio de nuevas riquezas, este indio se entrevistó con Pizarro diciéndole en qué lugar estaba el ejercito del general y como estaba formado. Obteniendo valiosa información Pizarro envió a su hermano Gonzalo a que valla a Jauja donde estaba el general y que lo traiga.
Diez de marzo de mil quinientos treinta y cinco, el general Apo Quizquis fue derrotado por el ejército de Gonzalo, fue llevado preso a donde estaba Pizarro, fue torturado para que dé información acerca del ejército de Calco Chima, pero se negó, prefirió morir antes que traicionar a su amigo. El quince de marzo se iba a producir la muerte de este valeroso general quiteño, una gran baja para Atahualpa.
Atahualpa al enterarse de esta nueva tragedia, decidió luchar junto con Calco Chima contra el ejército español, esta decisión iba ser el inicio del fin de su reino. La lucha del inca duro un año  de resistencia.
El diecisiete de octubre de mil quinientos treinta y seis el último general de Atahualpa, Calco Chima,  fue derrotado por Diego de Almagro. Mientras que el dieciséis de noviembre de ese mismo año también fue derrotado Atahualpa en manos Francisco Pizarro. Con la muerte del inca se iba a poner fin a esta guerra incaica.
Tras la muerte del inca Atahualpa, todos los huascaristas celebraban, el diario el incanato informaba los siguientes titulares: “Dioses del más allá imponen justicia”, “Por fin cayo el usurpador”, “Fin de la dinastía Hurin”.




El veinticinco de diciembre de ese mismo año en medio de celebraciones pudimos ingresar al Cusco, al entrar nos asombramos mucho, ya que por primera vez vimos una ciudad llena de oro, todo estaba hecho en base a oro. Por fin nuestro sueño se había hecho realidad, todo lo que habíamos sufrido íbamos a tener nuestra recompensa, pero lamentablemente esta victoria iba a durar muy poco.
Una vez dueños del imperio, cometimos el gravísimo error de revelarnos; vencido ya el inca Atahualpa, decidimos mostrar nuestras verdaderas intenciones. El trato amistoso hacia el pueblo desapareció. Fue reemplazado por torturas, saqueos, violaciones y asesinatos. Del respeto se había pasado a la burla.
También se cometió el gravísimo error al momento de repartirnos el botín, Pizarro había decidido darles muy poco a los almagristas ya que no habían participado en la lucha que habíamos tenido en Cajamarca y en la muerte del inca Atahualpa. Diego de Almagro se sintió humillado ya que había apoyado en las victorias contra los generales del inca, poco a poco se incendiaba las disputas entre castellanos por el poder.
Diego de Almagro al recibir muy poco, decidió ir con su ejército a Chile en busca de un nuevo imperio similar al Tahuantinsuyo, lamentablemente esa expedición constituyo un desastre absoluto ya que se perdió caudales hombres, esclavos y siervos en medio del desierto.
Al regresar de Chile, decidió tomar presos a los hermanos de Pizarro, para que este le ceda fácilmente la ciudad del Cusco. Al principio Pizarro no acepto, pero cuando Diego de Almagro dio la orden de que mataran a su hermano Pedro Pizarro, este decidió entrevistarse para llegar a una solución.
En la entrevista Francisco Pizarro le engaño a Diego de Almagro que si dejaba en libertad a sus hermanos, le iba a entregar la ciudad del Cusco. Diego de Almagro lamentablemente acepto esa condición. Una vez estando en libertad los Pizarro decidieron declararle la guerra a Diego de Almagro, con esto se estaba iniciando la primera guerra civil entre españoles.
Mientras se daba la lucha entre españoles, en la selva se estaba formando un nuevo ejército incaico al mando de un hijo de Huayna Capac: Manco Inca.
Manco inca, era hijo de Huayna Capac y de la colla Mama Runtu, este había escapado cuando Apo Quizquis había tomado el Cuzco, al enterarse de todos los sucesos que ocurrieron en el imperio, decidió formar un ejército para recuperar el Tahuantinsuyo. Él se enteró que había una guerra civil entre españoles, tomo la misma decisión que había tomado Pizarro cuando los incas estaban en guerra, apoyar al más débil para derrotar al más fuerte, y luego proseguir con la recuperación del imperio.
Al llegar mil quinientos treinta y siete, Manco Inca llego a tomar el Cusco, tiempo después decidió entrevistarse con Diego de Almagro para formar una alianza y luchar contra los Pizarro, pero lamentablemente su socio no le iba a servir de mucho, ya que el ocho de agosto de ese mismo año cayó derrotado en manos de Gonzalo Pizarro.
Manco Inca no tuvo otra opción que luchar solo, dividió sus tropas en dos ejércitos; el primero fue enviado contra los Cañaris y los Huancas por habernos apoyado, y también para anunciar que el inca no iba aceptar el colaboracionismo; y segundo fue enviado a Lima, para derrotar a Francisco Pizarro y a sus hermanos.
Este inca era muy diferente a sus hermanos, ya que le había llamado la atención el armamento español, decidió capturar algunos castellanos y apropiarse de sus armas para que pueda aprender a usarlas. Una ves que ya había aprendido a usar las armas europeas, les enseño a todo su ejército a cómo usarlas, y así  puedan derrotar a los Pizarro.
La lucha contra los Pizarro duro diez años, el diez de septiembre de mil quinientos cuarenta y siete los Pizarro cayeron derrotados a manos del ejército de Manco Inca, fueron ejecutados a las diez de la mañana del doce de septiembre en la plaza del cuzco.
Veinte días de después, Manco Inca se entera que la capital de Quito estaba en poder de Belalcázar, decidió mandar a su ejército para liberar la ciudad, el dieciséis de noviembre de ese mismo año, el castellano cayó derrotado y ejecutado por el ejército del inca.
Con estas victorias, Manco Inca había liberado al imperio del Tahuantinsuyo y se convertiría en el digno sucesor de Huayna Capac, también había dado el ejemplo a todo su pueblo de que nunca se dejen sorprender por el enemigo, siempre deberían de estar unidos a pesar de sus problemas internos.